domingo, 20 de enero de 2013

#0075: Directo al cielo

El camino no es elegante, las calles de Recoleta que se mezclan con las de El Salto lúgubres como nunca y ya casi oscurece del todo. Diferentes a los pasos de letargo que caracterizan los lunes por la tarde, el caminar del hombre taciturno mezclan pasos arrastrados, golpeados, sonoros y mudos. La mujer de la desilusión espera el regreso de esos pasos, mientras intenta limpiar para no perder el tiempo, desea en lo más profundo que alguien destroce algo para romper el silencio incómodo que impera en la casa negra y distraerse. El hombre taciturno no piensa en su mujer de la desilusión, piensa en la otra mujer de su vida, la mujer vacía que a su vez espera al hombre ausente. En realidad, lo dejó de esperar ya, no tiene sentido, ahora menos que nunca.

El hombre taciturno casi concluye su viaje, sin levantar la cabeza, no hace falta mirar más que los pasos, porque el camino es innecesariamente simple. La mujer vacía revisa cada espacio de la habitación pastel, intentando reconstruir cada momento que sirva de consuelo ante la irreversible condición que le aqueja. Ya cayó un jarrón, no por accidente, que la mujer de la desilusión recoge pieza por pieza, para luego tirarlo en el cesto de la basura, junto con su tiempo, con su vida.

La casa negra esperaba visitas, por eso la habitación pastel que yace compartiendo silenciosamente el dolor de la mujer vacía. El hombre taciturno entra en el local vacío, saluda, pide, paga y se va; ocupa la menor cantidad de palabras, los hombres taciturnos hacen eso, de lo contrario serían hombres tristes. El hombre triste no aparece aquí, es un hombre ausente. Saldría de espaldas del local vacío, para fingir que el tiempo retrocede, que en sus manos no lleva el dolor, pero en las calles de Recoleta que se mezclan con las de El Salto es preferible caminar de frente, por si cabe alguna duda. Ya a mitad de camino entre el local vacío y la casa negra, donde espera la mujer de la desilusión junto al cesto de la basura y la mujer vacía en el cuarto pastel, las miradas de la gente cansada no ayudan en el regreso del hombre taciturno a la casa negra. Un porqué más se suma a la intriga subyacente, ¿por qué miran más a la gente que parece triste, cuando solo se trata de gente taciturna?

La mujer vacía no entiende el motivo, el primer castigo llega en forma de abandono, el segundo consiste en el no arribo y el tercero es la tortura absoluta. Contando con ambas manos, casi falta un meñique para que sean diez meses, y sin embargo no es la mujer feliz, ella tampoco aparece aquí, ella se fue con el hombre ausente. El hombre taciturno llega a su calle sucia, donde se encuentra la casa negra, el cuarto pastel y el cesto de basura que acompaña a la mujer de la desilusión, que siente los pasos de lunes por la noche que son diferentes a los pasos de letargo que caracterizan a los lunes por la tarde en las calles de Recoleta que se mezclan con las de El Salto. 

Entra y lo observan, lloran. Una cierra la puerta, la otra calla y se sienta. El hombre taciturno muestra su compra y la coloca sobre el sillón polvoriento. El féretro blanco ilumina todo, en él, el Ángel emprenderá el viaje al cielo real, el que está sobre las nubes tóxicas, sin escalas. La mujer vacía guardó en su vientre la encomienda, durante casi un meñique para los diez meses, solo para verla partir. 

El cielo real, el que está sobre las nubes tóxicas, se prepara para iluminar la calle sucia, una de las calles que de Recoleta que se mezclan con las de El Salto, donde está la casa negra del hombre taciturno y la mujer de la desilusión, con el cuarto pastel donde llora la mujer vacía, mientras cuenta que con ambas manos casi falta un meñique para que sean diez meses, y el cesto de basura que ahora pasó a segundo plano, porque la atención está sobre el sillón polvoriento que sostiene el féretro blanco del local vacío, desde donde los pasos de esta familia, donde no está el hombre ausente ni la mujer feliz, caminan con los típicos pasos cansados de martes por la mañana, que en nada se parecen a los pasos de letargo que caracterizan a los lunes por la tarde. 

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