jueves, 23 de junio de 2011

#0066: Valle Eterno

Reconozco el lugar, reconozco cada centímetro del paisaje, pero me angustia no saber por qué estoy aquí, tan lejos de mi hogar, de mi refugio.

Camino sin cesar para encontrar el camino a casa, pero parece que el camino avanza más rápido que yo, tal vez deba permanecer aquí y solucionar algún asunto oculto en la irónica penumbra de mi mente en un día en que el sol resplandece como lo harían mis ojos ante una vitrina en época de fiestas.

Parece que al fin avanzo, camino y me detengo, observo, me planteo las cosas dos veces, continúo y aparece frente a mí, la triste silueta de un niño, no llora, pero parece que sus ojos están secos de tanto hacerlo, no hay ni una pizca de sonrisa y sus mejillas se hayan marchitas, muertas.

Siento lástima, pena, muchas preguntas me atacan, una tras otra, no logro dejar que una se quede en posición fija para poder comprender en qué estado me encuentro yo mismo, siento lástima, pena.

-¿Quién eres? – Me atrevo a preguntar.

-Soy aquello que fui, un solo rastro de lo que algún día Dios dejó que existiera, huella de algo así como vida, intento de creación. Soy lágrima en tus ojos, soy puño en el más fuerte y lamento en el más débil, anhelo en el crédulo y desesperanza en el hábil.

-No entiendo, ¿Dónde están tus padres?

-Soy sólo yo, no hay nadie que me haya antecedido, ni nadie me sucederá, soy sólo yo. Mis padres, me los arrebataron de una puñalada de espuma y yo creyendo que aún vivían me fui a recorrer los mares y en un esfuerzo por nadar sin saber, me adentré en las aguas y morí tres veces antes de alcanzar la costa, soy sólo yo.

-¡Pero si eres sólo un niño!

-El sufrimiento no discrimina, es un huésped, no pregunta, se aloja en quién lo llama, luego de que llega, no hay nada que pueda hacerse. No niego que haya tenido sueños, pero la distancia entre mi suelo y tu cielo es tan grande, que los girasoles se congelaron y en su propio hielo se quemaron antes de que pudiera mirarlos crecer. Me extraña profundamente, que creyéndote tan listo, me llames niño y no te reconozcas siquiera los ojos, que no te han cambiado, pupilas iguales no hay, las mías son las tuyas. Tal vez quieres negar que reconoces cada lágrima que brota.

-Debo irme, tú lo sabes.

-Por supuesto, no debo hacerte esperar, pero te estrecho la invitación, cuando quieras verte a ti mismo y reconocer tus defectos, estaré aquí flotando, a un lado del camino que parece que avanza más rápido que tú; soy eso que quieres perder, pero a lo que te aferras cada vez que sientes necesidad, soy aquello a lo que temes pero acaricias sintiéndote dueño del universo. Soy dolor en este valle eterno, no moriré hasta que tú mueras y verás que aunque intentes opacarme, no hay forma de hacerlo. No te vas por propia voluntad, yo te dejo hacerlo, porque mientras más te deje avanzar lejos de mí, más puedo jalar de la cuerda.

2 comentarios:

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  2. Significa mucho...
    Todos tenemos a un niño así...
    Como tu dices aqui...
    Hermosa, y a la vez...te quiebra ....
    Encontré esto por accidente !! jaja. bueno,
    es espectacular.

    Bye! .Un abrazo

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