domingo, 23 de mayo de 2010

#0056: Guerra, canción y fiesta


Celebraciones nunca han faltado, son propias de cada cultura. Mas celebrar victorias, triunfos que corroboran nuestra naturaleza salvaje, nuestra forma de pisotear lo construido por Dios con guerras y caos.

Para los que vivimos en este continente, ahora debe significar poco, pero la aridez de los desiertos no se compara con la de los corazones, que no han sabido de paz en décadas.
El continente idiota, fruto de la rama más cruda del capitalismo, haría lo que fuera por mantener el status quo. Después de todo, de eso vive, de las apariencias.
Tal vez ni siquiera hay una razón clara después de tantos años y han decidido gastar lo que les sobra en armas y contingente militar.
Fuera de la frivolidad, es necesario levantarse en contra de la conducta bélica, aunque no estemos con la mayoría y nos cueste darle la espalda al alto mando.
Moros o cristianos, tenemos el mismo derecho de vivir y desarrollarnos. Es arrancarle el futuro a miles de niños que no entienden siquiera lo que la palabra 'guerra' significa. Va en contra de lo natural, ahora parece una desgracia sin límites nacer en esas tierras. Si tan sólo pudiéramos tolerar un poco más, ver que la cultura de esa gente, es tan extraordinaria como la nuestra.
Pero caemos y caemos en el juego.
Lamentablemente, muchos estarán de acuerdo conmigo en que la guerra estabiliza y todos gozamos de los privilegios de los vencedores y la desdicha de los vencidos, aunque no nos demos cuenta. Y es así como funcionan las cosas, no hay mucho que cambiar en ese aspecto.
Tratemos de sensibilizarnos un poco más, dejar de cubrirnos los ojos y usar frases de consuelo, creyendo que las guerras se terminan así.
Y lo peor de todo es que una guerra jamás representa el pensamiento de los países en su totalidad. Es la máscara por excelencia, cada guerra es el afán de unos pocos.

"La guerra es una masacre de gente que no se conoce para provecho de gente que sí se conoce pero que no se masacra." (*)

Guardar silencio no es ayudar. Para la paz es la conciencia, para la guerra es el ímpetu.

Civilización estúpida que enuncia las victorias de guerra como si les brotara una llama beligerante del pecho y les impidiera callar por respeto.

Hoy, cantamos el himno de la paz como una vil hipocresía y la peor muestra de desinterés para los que viven en guerra. Nos jactamos de las buenas relaciones internacionales, pero por dentro sabemos que basta una chispa para iniciar un incendio.
(*) Paul Valèry

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