viernes, 21 de mayo de 2010

#0055: Dear Deception


Para ninguno de los dos es una sorpresa el hecho de que nos odiamos, pero no quiero seguir en esta jugarreta idiota. No soy tonto, aunque lo parezca, soy muy bueno observando y escuchando. Ninguno de mis actos se guía solo por los impulsos, tengo la capacidad de pensar antes de actuar, soy humano, tú no.
Soy olvidadizo, eso sí. Siempre olvido que te aparecerás, como si yo mismo te hiciera aparecer cada cierto tiempo, me tomas por sorpresa. Y lo volviste a hacer, pensé que todo iba perfecto. Hace tiempo que no te veía. Lamento decirte que no es para mí un agrado encontrarme contigo, a pesar de que sepa fingirlo muy bien.
Es una cualidad y una adicción a la vez. Guardar las apariencias es lo que me caracteriza. Tal vez soy buen actor. No, no creo...
En fin, en esta oportunidad me corresponde decirte que ya no te quiero tener cerca. Hoy decido hacerme cargo de mi vida y no mirar hacia atrás. Es hora de que me toque ser feliz y por mucho que te pueda doler, no te incluyo en ninguno de mis planes.
A pesar de que me has ganado muchas veces, te toca perder el día de hoy, porque ya no te dejaré entrar más.
Son miles las ocasiones en que me dejé engañar por tu bello rostro, hoy sé que hay otras cosas, que debo buscar una senda, un sentido.
Me robaste la infancia y gran parte de mi adolescencia, apartándome del camino correcto. Me llevaste a los vicios, a todos ellos. Es el momento de arrepentirse, o más bien, el momento de tomarte, arrugarte y lanzarte al fuego. Espero que renazcas en la vida de alguien más, en la vida de alguien que se merezca el sufrimiento y la humillación.
Si hubiera podido escoger, me hubiera alejado de las llamas hace años, pero mi orgullo me hizo continuar entre los seres más viles que existen.
Pero me alegro de decir que en esta enorme escalera que llamamos vida, he podido subir cada día más, dejando atrás a todos cuantos ayudados por , me quisieron ver caer.
Pero ya me lo dijeron, las cataratas de lágrimas que bañan mis áridas ilusiones darán paso al florecimiento de todos mis sueños y anhelos. Y puedo oler tu envidia, que gusto me da.
Supongo que mi ejército de amigos te intimidó de tal modo que desapareciste de mi vista y contemplas desde las tinieblas de tus faldas cómo te invoco. Insisto, no te quiero cerca.
Esperando que desaparezcas, me despido atentamente.

Y ahora, a celebrar que murió la decepción, porque cuando dejas de pensar en ella, no vive más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario