viernes, 21 de mayo de 2010

#0054: Irremediable


¿Sabes como empezar...? Yo no. No he hecho más que suspirar, ¿verdad? No sé como hacerlo, me cuesta trabajo pensar cuando estoy nervioso.
¿Puedes hacerlo por mí? Por favor, yo no puedo. No hay nada aún...
De acuerdo, lo haré. Estoy de acuerdo con tu silencio, soy yo quien debe dar el primer paso.
Probablemente para tí sea un juego, para mí es la triste ilusión, la emoción que agoniza en mis labios.
Quiero decirlo rápido, pero eso requiere un esfuerzo que anula mi léxico y mi motricidad, no puedo hablar.
Sí, si puedo. Es algo que viene ocurriendo desde hace años, probablemente el roce, el contacto, es lo que ahora más me pesa y me obliga a mostrarme tal cual soy, como si hubiéramos estado ciegos todo el tiempo.
Cada día es un nuevo desafío, estar cerca de tí me hace evocar el olor del campo, la suavidad de la seda y el color del cielo. ¡Santo Dios! Esto es una cursilería, de principio a fin.
Te amo, y nada más. Me cuesta creer que sólo dos palabras sean tan difíciles de pronunciarse y sean la barrera entre la tierra firme y el abismo.
Tu silencio me petrifica. Anda, dime algo. Está bien, supongo... No debo presionarte, después de todo, no es algo facil de asimilar.
Tengo miedo y lo sabes. Insisto, para tí es un juego, siempre lo ha sido. De hecho, creo que ya lo sabías.
Tal vez, es que has vivido más que yo. Los besos, las caricias, todo lo que tomaba como un regalo, como una señal convenida de amor, era sólo algo físico, vacío, carente de cualquier emoción.
No puedo creer que pensaras que yo lo vivía del mismo modo. Es más grave, en esta ocasión. Lo hicimos, llegamos al límite de lo carnal, a esa expresión máxima de amor. No sé... Creo que no fue amor, fue deseo incontrolable. Quise creer que en el momento de hacer presente la unión corpórea había algo más. No es así, para tí no era algo nuevo.
Bien, ya no hay nervios. Ahora podemos llegar a conclusiones más profundas. Yo pensaba que además del morbo, existía algo entre nosotros, algo que poder proyectar, algo en que creer. Esperanza, temores siquiera. Y no, no había ni un rastro de eso, nada de nada.
Ahora vemos que no somos puro cuerpo... ¡Hay alma, mujer!
Admito mi error, de quedarme dormido en este vaivén. Me tomas, me dejas. Me "quieres", me dejas. Te tengo, me dejas.
Es una sensación amarga en el corazón tener que decirlo, pero después de esta confesión, no espero nada. No quiero que lo pienses, no quiero que me digas que sientes tú. Quiero que todo acabe ya.
Si te fijas, dejé la puerta abierta cuando entramos, es para que salgas. A pesar de que sé que en tanto la cruces, perderé. Te perderé.

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