viernes, 21 de mayo de 2010

#0053: Teoría del Efecto Huracán


Resulta increíble el modo en que a veces el cerebro nos traiciona y relacionamos cosas que bajo un punto de vista medianamente normal no guardan parentesco alguno.

En alguna medida, todos pasamos por ese momento de confusión, algunos con mejores resultados que otros. Tal vez es el miedo, o simplemente el deseo de hacer daño, ya que existe gente a la que le produce placer herir a los demás.


Un día, el Señor T y el Señor U amanecieron con unos irrefrenables deseos de hacer este tipo de daño, aprovechándose de un momento de importancia para el resto del alfabeto.
Con mucha astucia, o muy poca, elaboraron un plan para dispararle al Señor V, sin que el
sujeto les hubiera causado la menor molestia, pero como ya dije, hay gente que lo hace por placer.

Provistos de dos armas, caminaron sigilosamente tras su víctima y cuando ya lo tuvieron a la
distancia necesaria, dispararon desde dos puntos distintos.
Hubiera sido el crimen perfecto, de no ser porque además de dispararle al Señor V, alcanzaron al W, al X, al Y e incluso al Z.
Ninguno de ellos murió, debe ser por la pésima puntería de los "tiradores". Sin embargo, la oscuridad fue su mayor aliado, porque ninguno de los afectados pudo ver el rostro de los
asesinos.
Al día siguiente, tras encontrar armas sin huellas, el Jefe Alfa y el Reverendo Beta decidieron interrogar de la A a la Z para encontrar a los culpables y entregarlos a la justicia, protegiéndolos de una investigación más exhaustiva que pudiera, además de llevarlos a prisión, causarle conflictos a los que ayudaron a ocultar el hecho.
El clima denso no ayudaba a la resolución. Nadie se puso de pié para confesar.
Una vez que todo se supo, el Abogado 1, del Señor V decidió iniciar los movimientos legales necesarios para llevar el crimen a la justicia.
Las investigaciones, que se pudieron evitar, ya estaban en pleno proceso y como todos se imaginan, las detalles más ínfimos, o quizás más obvios, inculparon de manera directa a los Señores T y U.
En el momento del juicio, se encontraban todos los signos entre el público, esperando el final por todos deseado.
Cuando fue la hora de presentar las pruebas, el Abogado 2, del Señor T se presentó con una
lista de delitos menores cometidos por todos los presentes.
El objetivo era desviar la atención del Juez $, insistiendo en que fumar en espacios cerrados, acto cometido por los individuos de la A a la S, era más grave que el intento de homicidio.
El resultado fue que incluso los afectados directos de los disparos, terminaron en prisión pagando por delitos cometidos anteriormente.
Algunos ni siquiera habían delinquido en realidad, pero la intervención del Abogado 2 fue tan convincente que el Jefe Alfa, el Reverendo Beta y el Juez $ se internaron en los recintos penitenciarios como viles criminales. Y esa prisión se transformó en un índice de mala muerte, con todos dentro, de la A a la Z.


Vamos al grano. Fumar, evadir impuestos, robar dulces en supermercados, etc. Alguno de esos hechos, ¿Es más grave que asesinar? Digámoslo de otro modo, es inaceptable que un hecho se justifique o se defienda por otro. Ese es el punto límite de la cobardía, cuando dejamos de aceptar lo que hemos hecho, sólo porque nos parece más lógico pasar el peso de una pierna a la otra, de una mano a la otra, arrastrar a los demás como un huracán. Por egoísmo y miedo. La fuerza de los huracanes no se extingue hasta que ha arrastrado las suficientes casas y vidas. Y nadie les echa la culpa, todos están con los ojos puestos en las consecuencias y posteriores arreglos.

Confundir las cosas es el mayor delito que podemos cometer, nadie es digno de denunciar un delito siendo que ha cometido otro peor.

Patético.






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