martes, 21 de diciembre de 2010

#0065: Portón y puerta


Tonterías, sólo eso. Me pasa a menudo. Camino, sólo camino, sin rumbo. Prefiero creer que el amor está a la vuelta de la esquina, que la suerte es una moneda de un peso que se esconde del que la pretende y se muestra al que la necesita.
Encuentro rumbo, sigue siendo un tanto incierto, puedo estar a punto de llegar a un lugar y decido dar la vuelta y a veces volver donde empecé, sólo para no hacerle caso a esa estructura prefijada de lo que se debe, lo que no se debe y todo ese palabrerío que en nada contribuye, si los pies son míos, voy donde quiero.
Irreverente. Pero frágil también, no resisto estar fuera de casa cuando es de noche, aunque es tentadora la idea de tomar un bus a cualquier sitio con la garantía de estar sentado y ver las calles ir más rápido que la vista, sentirme avanzando pero sin cansarme, saber que si bien nadie me espera en el final del recorrido, tengo tanto por hacer, que casi no importan las personas.
No pretendo engañar, cuando quiero dormir y no lo consigo, rezo. Por tí, por ella, por el de más allá, por ese que jamás me quiso y por el que me amó, no rezo jamás por mí, poco me vale la vida a veces, preferiría perderla antes que ver como otros la pierden.

Camino más, el rumbo está claro, porque estoy caminando de vuelta a casa y no tengo más de una, el camino es único.

Es mi cuerpo el que me guía, si de mi mente dependiera, podría estar en cualquier rincón de la ciudad, esperando que alguien que conozca me invite a conversar, a pasar las horas. Dichoso sería de saber que en un momento precioso, podré ver todo desde arriba, presenciar sin intervenir, pero saber que no es mi plano, que yo no me veré afectado, al menos una vez.
Vivo en un pasaje, y aquí estoy, entrando. Está el portón, una reja con un candado muy oxidado y una pequeña puerta, que se encuentra justo al lado. Muchas veces esa puerta está abierta, otras veces cerrada.

Cada uno tiene una labor, no es que sea un designio ni nada de eso, es simplemente que en cada hecho que se nos presenta, debemos hacer algo, contribuir.
Yo entro al pasaje, abro esa pequeña puerta, y la dejo cerrada, tal como estaba, en algunos casos; o cumplo el rol que alguien no quiso cumplir, cuando la puerta ya estaba abierta.
Aunque el portón esté abierto de par en par, cierro esa puerta. Después de todo, tal vez alguien comprenda como lo hago yo, que la puerta es para los peatones y que esa sensatez le haga obviar la entrada de autos que se encuentra abierta. No me gustaría saber que alguien con malas intenciones entró porque simplemente encontró esa puerta abierta, del portón no me preocupo, no tengo la llave, pero nadie podrá decir que fue mi culpa, que se hagan cargo ellos.

Es mi grano de arena, aunque tú pienses que no sirve, las puertas cerradas representan obstáculo a la mente, aunque puedan abrirse con sólo soplarlas.

sábado, 18 de diciembre de 2010

#0064: Alzheimer

No hace mucho tiempo, en una de esas típicas e interminables reuniones familiares, escuché el testimonio de un invitado que puso en jaque eso de que la memoria es muy frágil. De no ser sensato, jamás hubiera entendido el verdadero mensaje tras aquel relato.

Víctor es casado, tiene dos hijas, lleva una vida tranquila en la medida de lo posible, sin sobresaltos. Representa de manera fiel ese hombre que aprendió que ante la desgracia hay que seguir adelante y no mirar atrás, porque atrás es donde están las sombras, los restos, las ruinas de lo bueno, aquello que nos haría morir por simple contacto.

Arrastra una pena inmensa, la muerte de su padre, pero sabe compensar esa pena, recordando los buenos momentos, haciendo memoria de las situaciones que engrandecen. De ese sano ejercicio surgió la historia que hoy me tiene pegado al teclado sin dormir.

Su padre desde los sesenta años, comenzó a sufrir de Alzheimer; Víctor confiesa que es una enfermedad silenciosa. Los primeros años, los síntomas disimulan muy bien ser simples olvidos.

"Cuando se hicieron recurrentes, nos preocupamos", dijo sin sonreír, como lo hizo durante toda la primera parte de la narración.

Era normal sentir miedo, su familia se había convertido ya en muchas familias y su padre vivía sólo con su esposa, lo que no garantizaba para ninguno de los dos un futuro muy llevadero.

Sospecharlo era triste, tener la certeza, los llenó de angustia; surgen preguntas de todo tipo. "¿Y si no nos reconoce?". Ese fue el mayor temor de Víctor.

Efectivamente, la enfermedad avanzaba exponencialmente, cada mes era borrar cientos de recuerdos de la mente de su padre. Poco a poco, el deterioro se hizo latente, ya le costaba trabajo recordar cosas simples como su nombre, o su edad. Y como si hubiera sido poca la desgracia, una serie de complicaciones, lo hacía estar postrado. Su Alzheimer hacía que cada día se comportara más agresivo, por no recordar, por estar frente a desconocidos.

Hubo días en los que ese problema no existía, pero eran los menos. Cuando cumplió ochenta, su cuerpo resistía muy poco y su enfermedad hacía que olvidara incluso sus impulsos agresivos, terminó por creer que estaba internado en un asilo de ancianos.

"Cerca de las fiestas de fin de año, junto a mis hermanas lo fuimos a visitar. A él y a mi mamá. Estaba postrado, pero no se veía mal, yo había imaginado que estaría demacrado, irreconocible. No, era un rostro normal de un ser de ochenta años, pero con la vista turbada, era 'la primera vez que nos veia'. No quise llorar en ese momento, pude haberlo arruinado todo. Le preguntamos que cómo estaba, sus respuestas apuntaban a que lo atendían bien en el asilo, que todo era normal, como tenía que ser."

Cada uno de nosotros escuchaba tratando de que las lágrimas de Víctor cesaran. Nos comentó que decidieron quedarse un par de semanas, porque estaban seguros de que serían sus últimos días. No fue así, el padre resistió toda la estadía de sus hijos y murió cuando Víctor volvió a Santiago.

"Era increíble, cada día, él estaba más convencido de que estaba en un asilo, y preguntaba frecuentemente el paradero de los demás ancianos. Un día, cuando lo despertamos, me preguntó que si seguía en la oficina y me pidió que le diera sus saludos a un sin número de colegas, diciendo que pronto estaría por allí, para ayudarlos en sus labores. Me confundió con un compañero de trabajo."

El relato llevaba algo así como una hora y nosotros no veíamos pasar el tiempo, estábamos esperando que Víctor nos contara cada detalle.

"Bueno, debo admitir, que jamás pensé que el corazón pensara, creía que si tu memoria fallaba, las emociones lo hacían igual, porque era el cerebro su origen. Recuerdo haber llorado un par de horas sin parar, mi padre no olvidó lo más importante.

Mi hermana, fue a darle de comer, como cada día de esas semanas que pasamos viviendo juntos nuestras vacaciones, mi padre la miró de pies a cabeza y luego de examinarla le dijo: 'Aquí me atienden bien, es un buen asilo, jamás se han demorado en darme de comer y no tengo ninguna queja. Estoy de maravilla. Además, las enfermeras como usted son muy amables. Déjeme decirle además, con todo el respeto que me merece, que es usted muy hermosa.' Mi hermana lloraba, pero tapaba cada lágrima y le siguió el juego, yo espíaba tras la puerta. Ella le respondió: 'Es usted muy caballero, le agradezco todo lo que dice, le agradezco todo.'

Mi padre le dijo: 'Lo mismo le digo, gracias, no podría estar mejor. Insisto, es usted muy linda. Pero, ¿puedo contarle un secreto?' Ella lo miró fijamente y le respondió: 'Por supuesto, confíe en mí.'

Era una sensación extraña, mi padre estaba sonrojado, con esa vergüenza de por medio, le confesó: 'Estoy enamorado, de una de las enfermeras, es esa de allí.' Sus dedos apuntaron hacia la puerta de la cocina que estaba entreabierta."

Víctor volvió a sonreír, siempre entre lágrimas, él había seguido la ruta de amor que el dedo de su padre mostraba, tras la cocina, estaba ese amor oculto, casi platónico. Víctor suspiró y nos dijo mirándonos a todos de una misma vez:

"Esa mujer que él apuntaba, la enfermera, era mi mamá."

#0063: Teoría del oasis

Hay cosas que valen la pena, otras que a simple examen de la mente parecen buenas pero después de realizadas nos llenan de culpa y otros sentimientos que amargan más el café por muy redonda que sea la mesa en la que se le bebe.
Sorprendente sería que la vida fuera como un viejo video que pudiéramos retroceder o avanzar a nuestro antojo. Desafortunadamente, no es así y no lo será nunca porque cada error existe para que sea cometido y cada acierto nació para ser opacado por un error.

Ahora bien, si incluso las lágrimas tienen un lado dulce, la existencia te ofrece a cada momento oportunidades de salir de tu propio cuerpo para experimentar, por al menos un segundo, el sabor de la gloria.

Cada uno de nosotros es un viajero sediento y cansado que camina por un desierto interminable de dolor y placebos, intentos de calma. No importa el tiempo que pasemos caminando, ni las personas que nos acompañen, no hay un desierto igual a otro y la persona que está a tu lado, puedes verla, oírla y tocarla, pero ante sus ojos el desierto es de otro color, no hay similitud, ante el dolor, mi desierto será siempre más grande que el tuyo.

Mas de tanto caminar, la ilusión se hace presente y en la forma del oasis, es el paraíso en medio del desierto.

No siempre es un lugar, por lo general es una persona, que se ha cansado de su desierto y decidió lo más maduro, sentarse a esperar que el viajero cansado descanse en su regazo.

Tengo un oasis, un sueño imposible, una ilusión desmedida que se apodera de mis pensamientos cada vez que siento que no puedo lograrlo. Se parece a mi desierto, por eso es difícil de encontrar, de hecho nunca sé en qué lugar comienza mi oasis y en qué lugar termina, me confundo fácilmente.

Pero soy otro cuando puedo entrar en él, en realidad, en él es cuando realmente soy yo porque no necesito ser otra cosa, en mi oasis soy todo y nada, soy lo que quiero ser.

Está lejos, al norte y no soy capaz de contar los kilómetros que he de recorrer para encontrarlo, pero cuando llegue, nada será más importante que disfrutar el momento.

El oasis es entonces todo aquello que nos conforta mientras dura, pero que estamos dispuestos a perder, sólo para comenzar nuevamente la búsqueda, nadie sabe donde estará la siguiente ocasión.

Quizás tú le llames casa, otro le llame droga, incluso debe haber quien le llame amor, sea cual sea el oasis en el que alguien quiera estar, es decisión de cada persona dejarse caer en el vertiginoso huracán que ofrece ese pequeño espacio perdido en medio de la nada.

Muchos le llamarán fe, pero ese es un terreno en que sólo el cobarde incursiona. No me importa caminar y caminar porque en todo hay un final, tal vez la muerte en medio del camino sea el desvío hacia el oasis, haré el intento de mantenerme en pié hasta el fin de mis días para probar que no tengo mayor objetivo que encontrar ese lugar y sentarme a esperarte a ti, que aún caminas con sed en medio de tu desierto.

jueves, 16 de septiembre de 2010

#0062: Parábola del retrato


Como ayer y como hoy, no hay diferencia tangible o mesurable, es igual siempre, cambiamos los . Generalmente me dirías que me calle, que ya es hora de dormir, que mi voz ya no te cautiva como antes, que no debo seguir discutiendo si el fuego había dejado de arder.


Y ahora... ¿Qué me dices? Eso supuse, nada. Creo que es hora de que yo hable, no creo que haya mejor momento que este. Me creerás loco, pero quiero que me escuches.


Quiero que sepas que en este blanco valle, mis cansados dedos recorren surco a surco tus detalles, guardando las proporciones para no cometer ningún error que me haga confundir lo que fue con un triste arrebato de mi mano.


Ya casi estás lista, hermosa como siempre, pero existe una diferencia fundamental, callas.


Guardas silencio tras la tinta, que de paso bendita sea por sellarte los labios amargos. Bendito sea también el lienzo blanco, el único capaz de no hacer ver tan pálido tu rostro.


Cuando me dejaste, cuando nos dejaste, supe que era lo correcto, que era lo que debía ocurrir. El destino se encarga de juntar y separar a su debido tiempo.



Para nadie es fácil olvidar, aceptar, asumir que las cosas se acaban tal como empezaron. Te dibujé los ojos plácidos para fingir que asientes aunque sea con resignación lo que estoy diciéndote y la boca cerrada para no creer que puedas hablarme y termine destruyéndote.



Ahora no puedes siquiera decir que no, eres mi creación por fín y no puedes hacer nada que yo no quiera, yo te creo, yo te aniquilo.



Pero no creas que lo hice con un fin malévolo, la verdad, te creé sólo para decirte todo aquello que no pude decir cuando hablabas antes que yo. Para verte por última vez y cerrar el ciclo, no te puedes quejar de que no memoricé tus facciones. Apuesto mi vida a que podría retratarte vendado.


Y ahora, no me sirves más, pero no puedo destruirte, puedo romper el papel, volverlo trozos inservibles, pero a tí no te puedo romper, no puedo. No quiero pensar en la idea tampoco, te dejaré guardada y cuando tenga la necesidad de conversar contigo para tomar alguna decisión o recuerde lo que haya olvidado por el nerviosismo de este encuentro.

No me siento valiente por hablarle a un dibujo, ni cobarde por no gritarle a una mujer, lo hice ahora por mí, todo lo anterior, por tí.


Tal vez sea mi forma de verte, otra tú, perfecta en cada trazo. Estarías molesta, por eso el final de tus labios sugiere una sonrisa, no siento culpa; y puedo dar gracias a Dios de que nunca estarás más quieta que en este retrato.

martes, 14 de septiembre de 2010

#0061: Adivina...

Al parecer, para nadie más en toda la hacienda era una sorpresa el destino de la abuela. Es decir, todos sabíamos que por su edad, no serían muchos los años que le quedarían para hacernos compañía, pero aún así fue un golpe bajo para mí.
Ahora me parece gracioso que haya estado en los brazos de Dinora, llorando, tal como lo haría después, en nuestro reencuentro. Debe ser eso de que "todo se vive dos veces", o algo así.

Jamás supe interpretar de la manera correcta el gesto que vendría. Dinora sabía que el olor a tabaco me ahogaba, por eso, cuando dijo que quería encender otro cigarrillo, creí que estaba tratando de deshacerse del niñito patético que lloraba junto a ella, o tal vez simplemente quería ese cigarrillo y no quería lastimarme de otra manera.

Le pregunté a mi padre si es que podía ir a ver a la abuela a su alcoba, pero me dijo que era mejor que ella descansara y que la visitara en otra oportunidad, por lo demás, la única llave de esa habitación la tenía Dinora y sólo se acercaba a la habitación para dar de comer a la abuela y llevarle sus medicinas cuando dispusieran de ellas.

La casa se veía más gris que de costumbre, era una casa bastante opaca, pero la presencia de la anciana hacía que todo tomara los colores del arcoiris. Era imposible pasar penas en esa casa, aun cuando la abuela era bastante estricta.

Tal vez toda la fortaleza que muestra ante sus hijos, la perdía ante sus nietos, por eso nosotros le demostrábamos afecto, mientras que mi padre y mi tío, sólo respeto.

Dinora parecía una chimenea, no paraba de exhalar humo, se le notaba nerviosa, a ratos serena, pero eran como espejismos de su verdadero sentimiento.

Mi madre dijo que esa noche nos quedaríamos en la hacienda, mi padre asintió con la cabeza, mientras que Dinora hacía todo lo contrario. Más que parecerme extraña su reacción, corrí a mi habitación para preparar mi cama para la noche.

Ante el fuego y la luz de una vieja salamandra encendida, callamos durante un rato. El silencio hacía que todos, lentamente, perdiéramos la noción del tiempo y el espacio. Nos quedábamos dormidos.

Habían pasado casi tres horas cuando sonó el teléfono. Esta vez, todos coincidimos en que era extremadamente raro recibir llamadas a esa hora.

Dinora se levantó, como "dueña de casa" para contestar, ante nuestras miradas de duda, ella respondía con gestos similares:

-¿Quién habla? - pronunció Dinora con voz soñolienta.

-¿Aún conduces? - respondió la voz del otro lado.

-Sí... ¿Quién habla? - repitió.

Ante la respuesta, Dinora dejó caer el auricular y tratando de mantener la calma, tomó el aparato, lo puso en su lugar, miró a mi tío Gaspar y repitió las últimas palabras que había escuchado de su interlocutor:

-Estoy en el aeropuerto, soy tu hijo.

lunes, 23 de agosto de 2010

#0060: Espejo


Ahora, desde esta perspectiva todo adquiere mayor sentido. Lamento no haber tenido el valor de hacerlo antes; no es justo que todos se enteren antes que tú. Debiste ser el primero en saberlo, pero es increíble lo difícil que es hablarte cuando estás tan cerca.

Tú más que nadie comprende los motivos, eres mi confidente mudo. Eres tan real como yo...

Pero somos tan distintos, tú tienes todo lo que me falta, aquello que fui un día y que creí perder. Todo lo guardaste para hacerme ver ahora. Pero me cuesta perdonar que te llevaras el valor, que tanto me ha hecho falta, para decir "te amo", para decir que sí o decir que no. Para poder admitir que tengo un problema, que lo tuve. Sería sencillo si traspasar el vidrio me hiciera recobrar todo lo perdido, pero lamento decirte que aunque así fuera, es muy tarde, la decisión está tomada, cada respiro será entregado y el último será exhalado en nombre de toda la injusticia vivida, de todos los malos momentos, de cada lágrima del océano en el que ahora me ahogo.

Para los que piensen que fui valiente, he decidido dar un paso al lado de este mundo que avanza demasiado rápido a su autodestrucción, es triste pensar que de un modo u otro, mi final llegaría pronto.

Para quienes crean que fui cobarde, no soy tan fuerte para sobrevivir en este sistema de emociones que llamamos vida, con dificultad puedo respirar. Y cada día es una nueva desilusión, un pleito o un disgusto.

Anhelo poder vivir mis últimos segundos como si fuera un niño, revivir esos momentos que si bien no eran felices, al menos eran lo suficientemente confusos para dejarme quieto y contento.

Espera, mi último deseo fue concedido. Es maravilloso, puedo ver con detalles, cada rincón del mundo quieto que adoraba, las sonrisas de los adultos, la complicidad de los otros niños, el cariño.

En ese mundo habían razones de peso para querer vivir, para estar vivo, para idear y soñar, para imaginarme invencible, para tomar los aviones que quisiera y llegar en un segundo donde más quisiera estar, para que bastara un gesto para ser comprendido.

Ahora todo eso está enterrado y prefiero estar muerto que morir en vida y vagar por la tierra sin sentido. Y llorar hasta sentir dolor cada noche cuando nadie puede ver que he acumulado cada pena para llorarla una y otra vez.

Me queda poco y debo agradecerte por ser el proyector de estas últimas imágenes, por haberme mostrado una vez más el sentido de mi última acción. Ahora todo pierde nitidez, sólo puedo ver mis propios ojos, los mismos, los tuyos y míos. Siento el relajo de todo mi cuerpo, pero no puedo evitar sonreír y al mismo tiempo esbozar una última lágrima sin dejar de verte, has sido leal, te vas conmigo.

lunes, 28 de junio de 2010

#0059: ¿Bajo tierra?



¿Escuchaste eso? Sentí un golpe de metal sobre piedra a lo lejos, tal vez no fue nada, creo que no. Tanto tiempo atrapados me hace alucinar con el rescate a cada momento, como el anhelo más próximo a la locura. Ni siquiera sabemos si ellos están enterados de nuestra situación, es probable que incluso los malditos negreros se hayan quedado callados y nos dejaron sin amparo bajo estas toneladas de rocas.


No me mires como si hubiera enloquecido, son los delirios propios del calor húmedo de lo que hasta ayer llamábamos casa y hoy sólo podemos repudiar como el rincón más ínfimo del infierno mismo.


Hoy nos tocó a nosotros, tal y como sufrieron históricamente los colegas de todas las divisiones.


No había pensado en los que están fuera; la familia, mi familia.


Las familias de todos, y somos tantos, hay quienes incluso no saben de lo que es estar a cargo de una familia, como aquel muchacho que está sentado en el fondo. Debe tener menos de 18 años y ya tiene que soportar esta agonía, no creo que esté preparado para esto, si da la impresión de que puedo ver a un niño al borde del llanto cuando nos mira como preguntando si es que esto tiene o no solución.


Y aquel de allá, toda una vida de trabajo, casi 64 años de edad y 50 de minero, terminar de esta forma, como deshechando toda posibilidad de una muerte feliz junto a sus seres queridos.


Y somos más de treinta, y tras nosotros hay muchos más.


La humedad es insoportable y la paradoja se hace presente cuando nos damos cuenta de que la mina nos conoce más que nosotros a ella. Ya casi ni recuerdo en que sector de ella estamos. Cómo decirles que estamos aquí, que todos estamos con vida y que lucharemos contra todo lo que venga con tal de esperar para recibir su ayuda.


No llores, yo también quiero hacerlo, pero no es momento de alarmar a los demás, la esperanza está viva en nosotros, pero escondida. La solución es buscar el valor entre las rocas y encender la chispa, de eso sabemos. Nos tenemos sólo a nosotros, por ahora, recuerda que tanto para el que manda como para el que gana, no pasamos de ser simples engranajes, máquinas para hacer dinero. Más de alguno se estará lavando la boca con nuestros sueldos. Y si ganamos más o menos, ¿No somos chilenos igual? Insensibles de mierda.


Podría apostar que hay compatriotas que sólo se acuerdan de que estamos vivos, porque temen que estemos muertos.


Te veo perplejo, no quise incomodarte, pero es cierto, somos malagradecidos y repito, ahora nos toca a nosotros. Sólo te digo, espero que no seamos estrategia populista ni campaña para nadie, porque voy a ser el primero en levantar el pirquín y llevarlo contra quien sea, espera...


Ahora levántate y encomiéndate a San Lorenzo, creo escuchar nuevamente el metal sobre piedra, pero siempre a lo lejos.

domingo, 27 de junio de 2010

#0058: Tango de l'amour


Me atrajo el humo de su cigare.
Estaba sola et moi aussi.
Me acerco y digo "¿Quiere bailar?"
En tono suave, contesta ... "oui".


¡Que osadía! Sin saber bailar, ahora tengo en mis brazos a la mujer. Y pareciera que ella me lleva a mí y no al revés. Creo que entiende mi falta de talento pero no me deja solo. La iluminación favorece el encuentro porque no percibo a nadie más en este lugar, podría estar repleto de gente, pero no puedo verlo.

Poco a poco el ritmo se vuelve familiar y ya no siento la incomodidad inicial, tengo en la garganta un nudo, pero se desata lentamente.

No puedo ver sus ojos porque su cabeza reposa en mi hombro, como entregándose a las notas. Su fragancia inunda mis sentidos y me provoca un placer inexplicable a medida que nuestros pies marcan el fuelle sin despegarnos el uno del otro.

En esos momentos hubiera deseado que el acordeón se hiciera eterno, y pudiéramos seguir hasta la eternidad, muriendo tal vez de cansancio, pero juntos y al unísono.

No me esperaba lo que vendría a continuación, las notas finales nos dejaron cara a cara, al borde del ósculo, del dulce beso que esperaba desde que le extendí la invitación.

Termina la canción y se despega de mi aliento como un globo que se eleva hasta donde no se le puede alcanzar.

Sigue caminando hasta la barra y luego desaparece entre las luces.

¡Qué vergüenza! Ahora estaba solo en la pista y ni siquiera sé si me están mirando o no. Mi corazón se agita y siento una taquicardia agradable, un ritmo sin igual. Es la segunda canción que inunda todo el lugar. Me dispongo a retirarme y aparece otra mujer, más bella que la anterior.

No fue necesario mirarla, era su aura, o algo así, lo que me pedía que le tomara por la cintura y de la mano haciendo un arco, para comenzar la segunda pieza.

En esta ocasión la música era más exigente y rápida, un staccato infernal. Sentía como su respiración se agitaba y se confundía con la mía, recordé todas esas frases de mi abuelo, pero en especial esa que decía que el tango se puede bailar con los ojos cerrados.

Lo hago y me entrego por entero, ella parece disfrutarlo porque ahora juntamos nuestras frentes y me pide que la bese. Lo intento pero la pieza acaba y ella da la vuelta sin expresión alguna y se marcha, tal como la anterior.

No estaba dispuesto a un tercer rechazo y me sentía blanco de burlas en todo el país. Las luces no ayudaban y la salida estaba tan oculta como mi dignidad.

¡Qué horror! La tercera pieza, corriendo me acerco a la barra y cruzo la vista con ella, la tercera mujer. No era más bonita que la primera y se veía más bien tímida. Sus ojos no me invitaban, así que decidí invitarla yo. Me acerqué lentamente y tomé su mano, caminamos al centro de la pista y nos deleitamos de que la canción fuera lenta, de ese modo podríamos bailar sin vergüenza.

Ella me miraba e hizo que el contacto en el baile fuera netamente visual. La pieza parecía sin fin y ella caía paulatinamente en el mismo hechizo que yo. Se soltó el cabello mientras bailaba y yo sujetaba su cintura como si alguien fuera a arrebatármela.

La canción llegaba a su fin y ella me hacía cómplice de su deseo. Acercó sus labios a los míos y en un instante todo fue perfecto.

Pero giré y salí por la puerta principal, haciendo transferencia de mis temores.


Pour la femme qui m'a fait danser avec ses baisers.

lunes, 31 de mayo de 2010

#0057: Cuenta regresiva


Los minutos pasan, las horas, los días. Cambia la tarde a la noche y la noche al alba, todo normal.

Y me dicen que las cosas pasan por algo, pero no me imagino el motivo de esta situación. No soy culpable yo, no eres culpable tú y nadie más podría serlo.

Tal vez mis ganas superan a mi calidad y no había sido capaz de darme cuenta, pero tú puedes hablar, eres tan capaz como yo para expresar lo que te inquieta, no soy adivino.

Tal vez me lo decías y yo no te escuchaba, o lo intentabas y yo no te lo permitía. No conozco el punto exacto del quiebre, pero estoy casi seguro que la causa es una estupidez, un acto ínfimo, que sólo de la mano de la mala intención pudo acabar con algo que parecía eterno.

Desde el comienzo tenía el presentimiento de que esto iba a pasar, no trato de decir que lo provocara, pero cada día siento que la vida me lo repite: "No tienes la culpa".

No trato de sorprender a nadie, pero el orgullo es lo que nos hace imperfectos a todos y el dolor que se siente cuando dices que te cuesta, no creo que sea muy diferente a una puñalada por la espalda.

No debe ser la primera vez que se lo explico a alguien, pero vale la pena.

Se asemeja bastante a tirar la cuerda, se necesitan a lo menos dos personas para provocar la tensión suficiente, pero si alguno de los dos afloja, hace caer al otro. Y ese otro, se queda sólo con la cuerda y el polvo.

Ahora me cuesta entender cómo se desvirtúa todo, hoy mi vida gira en torno a mí, pero al verme tan derrotado, quisiera volver a preocuparme por tí.

Mas esta vez no quiero dar el primer paso, nuevamente por orgullo. Quisiera que por primera vez en tu vida pudieras atreverte y reconocer tu culpa, no trato de aminorar la mía, si tú pudieras, te juro que lo podría hacer también.

Y pensé que lo habíamos conversado, que estábamos seguros de que el ambiente escolar, la vida en comunidad y esa infinidad de cosas no nos podían distanciar, que esos problemas nos habían unido más que nunca, pero puedo comprobar que sólo transformaban lo endeble en frágil y lo frágil en nada.
¿Crees que no me duele? Te equivocas, sufro como nadie y espero con ansias que esto acabe pronto, pero no te puedo mentir, nada será igual desde ahora en adelante, siento que no podemos sostener una relación como la que había, porque se acaba el tiempo y luego nadie le sevirá a nadie y demostraremos una vez más al mundo, que el trabajo grupal es la plataforma para los logros personales y el despegue de los sueños de fama y fortuna individual.

Es injusto, pero la vida no es justa y no te quiero interrumpir más de la cuenta, sólo quería que supieras que la cuenta llegará a cero muy pronto.

Y si no te acercas tú...

...lo haré yo.

domingo, 23 de mayo de 2010

#0056: Guerra, canción y fiesta


Celebraciones nunca han faltado, son propias de cada cultura. Mas celebrar victorias, triunfos que corroboran nuestra naturaleza salvaje, nuestra forma de pisotear lo construido por Dios con guerras y caos.

Para los que vivimos en este continente, ahora debe significar poco, pero la aridez de los desiertos no se compara con la de los corazones, que no han sabido de paz en décadas.
El continente idiota, fruto de la rama más cruda del capitalismo, haría lo que fuera por mantener el status quo. Después de todo, de eso vive, de las apariencias.
Tal vez ni siquiera hay una razón clara después de tantos años y han decidido gastar lo que les sobra en armas y contingente militar.
Fuera de la frivolidad, es necesario levantarse en contra de la conducta bélica, aunque no estemos con la mayoría y nos cueste darle la espalda al alto mando.
Moros o cristianos, tenemos el mismo derecho de vivir y desarrollarnos. Es arrancarle el futuro a miles de niños que no entienden siquiera lo que la palabra 'guerra' significa. Va en contra de lo natural, ahora parece una desgracia sin límites nacer en esas tierras. Si tan sólo pudiéramos tolerar un poco más, ver que la cultura de esa gente, es tan extraordinaria como la nuestra.
Pero caemos y caemos en el juego.
Lamentablemente, muchos estarán de acuerdo conmigo en que la guerra estabiliza y todos gozamos de los privilegios de los vencedores y la desdicha de los vencidos, aunque no nos demos cuenta. Y es así como funcionan las cosas, no hay mucho que cambiar en ese aspecto.
Tratemos de sensibilizarnos un poco más, dejar de cubrirnos los ojos y usar frases de consuelo, creyendo que las guerras se terminan así.
Y lo peor de todo es que una guerra jamás representa el pensamiento de los países en su totalidad. Es la máscara por excelencia, cada guerra es el afán de unos pocos.

"La guerra es una masacre de gente que no se conoce para provecho de gente que sí se conoce pero que no se masacra." (*)

Guardar silencio no es ayudar. Para la paz es la conciencia, para la guerra es el ímpetu.

Civilización estúpida que enuncia las victorias de guerra como si les brotara una llama beligerante del pecho y les impidiera callar por respeto.

Hoy, cantamos el himno de la paz como una vil hipocresía y la peor muestra de desinterés para los que viven en guerra. Nos jactamos de las buenas relaciones internacionales, pero por dentro sabemos que basta una chispa para iniciar un incendio.
(*) Paul Valèry

viernes, 21 de mayo de 2010

#0055: Dear Deception


Para ninguno de los dos es una sorpresa el hecho de que nos odiamos, pero no quiero seguir en esta jugarreta idiota. No soy tonto, aunque lo parezca, soy muy bueno observando y escuchando. Ninguno de mis actos se guía solo por los impulsos, tengo la capacidad de pensar antes de actuar, soy humano, tú no.
Soy olvidadizo, eso sí. Siempre olvido que te aparecerás, como si yo mismo te hiciera aparecer cada cierto tiempo, me tomas por sorpresa. Y lo volviste a hacer, pensé que todo iba perfecto. Hace tiempo que no te veía. Lamento decirte que no es para mí un agrado encontrarme contigo, a pesar de que sepa fingirlo muy bien.
Es una cualidad y una adicción a la vez. Guardar las apariencias es lo que me caracteriza. Tal vez soy buen actor. No, no creo...
En fin, en esta oportunidad me corresponde decirte que ya no te quiero tener cerca. Hoy decido hacerme cargo de mi vida y no mirar hacia atrás. Es hora de que me toque ser feliz y por mucho que te pueda doler, no te incluyo en ninguno de mis planes.
A pesar de que me has ganado muchas veces, te toca perder el día de hoy, porque ya no te dejaré entrar más.
Son miles las ocasiones en que me dejé engañar por tu bello rostro, hoy sé que hay otras cosas, que debo buscar una senda, un sentido.
Me robaste la infancia y gran parte de mi adolescencia, apartándome del camino correcto. Me llevaste a los vicios, a todos ellos. Es el momento de arrepentirse, o más bien, el momento de tomarte, arrugarte y lanzarte al fuego. Espero que renazcas en la vida de alguien más, en la vida de alguien que se merezca el sufrimiento y la humillación.
Si hubiera podido escoger, me hubiera alejado de las llamas hace años, pero mi orgullo me hizo continuar entre los seres más viles que existen.
Pero me alegro de decir que en esta enorme escalera que llamamos vida, he podido subir cada día más, dejando atrás a todos cuantos ayudados por , me quisieron ver caer.
Pero ya me lo dijeron, las cataratas de lágrimas que bañan mis áridas ilusiones darán paso al florecimiento de todos mis sueños y anhelos. Y puedo oler tu envidia, que gusto me da.
Supongo que mi ejército de amigos te intimidó de tal modo que desapareciste de mi vista y contemplas desde las tinieblas de tus faldas cómo te invoco. Insisto, no te quiero cerca.
Esperando que desaparezcas, me despido atentamente.

Y ahora, a celebrar que murió la decepción, porque cuando dejas de pensar en ella, no vive más.

#0054: Irremediable


¿Sabes como empezar...? Yo no. No he hecho más que suspirar, ¿verdad? No sé como hacerlo, me cuesta trabajo pensar cuando estoy nervioso.
¿Puedes hacerlo por mí? Por favor, yo no puedo. No hay nada aún...
De acuerdo, lo haré. Estoy de acuerdo con tu silencio, soy yo quien debe dar el primer paso.
Probablemente para tí sea un juego, para mí es la triste ilusión, la emoción que agoniza en mis labios.
Quiero decirlo rápido, pero eso requiere un esfuerzo que anula mi léxico y mi motricidad, no puedo hablar.
Sí, si puedo. Es algo que viene ocurriendo desde hace años, probablemente el roce, el contacto, es lo que ahora más me pesa y me obliga a mostrarme tal cual soy, como si hubiéramos estado ciegos todo el tiempo.
Cada día es un nuevo desafío, estar cerca de tí me hace evocar el olor del campo, la suavidad de la seda y el color del cielo. ¡Santo Dios! Esto es una cursilería, de principio a fin.
Te amo, y nada más. Me cuesta creer que sólo dos palabras sean tan difíciles de pronunciarse y sean la barrera entre la tierra firme y el abismo.
Tu silencio me petrifica. Anda, dime algo. Está bien, supongo... No debo presionarte, después de todo, no es algo facil de asimilar.
Tengo miedo y lo sabes. Insisto, para tí es un juego, siempre lo ha sido. De hecho, creo que ya lo sabías.
Tal vez, es que has vivido más que yo. Los besos, las caricias, todo lo que tomaba como un regalo, como una señal convenida de amor, era sólo algo físico, vacío, carente de cualquier emoción.
No puedo creer que pensaras que yo lo vivía del mismo modo. Es más grave, en esta ocasión. Lo hicimos, llegamos al límite de lo carnal, a esa expresión máxima de amor. No sé... Creo que no fue amor, fue deseo incontrolable. Quise creer que en el momento de hacer presente la unión corpórea había algo más. No es así, para tí no era algo nuevo.
Bien, ya no hay nervios. Ahora podemos llegar a conclusiones más profundas. Yo pensaba que además del morbo, existía algo entre nosotros, algo que poder proyectar, algo en que creer. Esperanza, temores siquiera. Y no, no había ni un rastro de eso, nada de nada.
Ahora vemos que no somos puro cuerpo... ¡Hay alma, mujer!
Admito mi error, de quedarme dormido en este vaivén. Me tomas, me dejas. Me "quieres", me dejas. Te tengo, me dejas.
Es una sensación amarga en el corazón tener que decirlo, pero después de esta confesión, no espero nada. No quiero que lo pienses, no quiero que me digas que sientes tú. Quiero que todo acabe ya.
Si te fijas, dejé la puerta abierta cuando entramos, es para que salgas. A pesar de que sé que en tanto la cruces, perderé. Te perderé.

#0053: Teoría del Efecto Huracán


Resulta increíble el modo en que a veces el cerebro nos traiciona y relacionamos cosas que bajo un punto de vista medianamente normal no guardan parentesco alguno.

En alguna medida, todos pasamos por ese momento de confusión, algunos con mejores resultados que otros. Tal vez es el miedo, o simplemente el deseo de hacer daño, ya que existe gente a la que le produce placer herir a los demás.


Un día, el Señor T y el Señor U amanecieron con unos irrefrenables deseos de hacer este tipo de daño, aprovechándose de un momento de importancia para el resto del alfabeto.
Con mucha astucia, o muy poca, elaboraron un plan para dispararle al Señor V, sin que el
sujeto les hubiera causado la menor molestia, pero como ya dije, hay gente que lo hace por placer.

Provistos de dos armas, caminaron sigilosamente tras su víctima y cuando ya lo tuvieron a la
distancia necesaria, dispararon desde dos puntos distintos.
Hubiera sido el crimen perfecto, de no ser porque además de dispararle al Señor V, alcanzaron al W, al X, al Y e incluso al Z.
Ninguno de ellos murió, debe ser por la pésima puntería de los "tiradores". Sin embargo, la oscuridad fue su mayor aliado, porque ninguno de los afectados pudo ver el rostro de los
asesinos.
Al día siguiente, tras encontrar armas sin huellas, el Jefe Alfa y el Reverendo Beta decidieron interrogar de la A a la Z para encontrar a los culpables y entregarlos a la justicia, protegiéndolos de una investigación más exhaustiva que pudiera, además de llevarlos a prisión, causarle conflictos a los que ayudaron a ocultar el hecho.
El clima denso no ayudaba a la resolución. Nadie se puso de pié para confesar.
Una vez que todo se supo, el Abogado 1, del Señor V decidió iniciar los movimientos legales necesarios para llevar el crimen a la justicia.
Las investigaciones, que se pudieron evitar, ya estaban en pleno proceso y como todos se imaginan, las detalles más ínfimos, o quizás más obvios, inculparon de manera directa a los Señores T y U.
En el momento del juicio, se encontraban todos los signos entre el público, esperando el final por todos deseado.
Cuando fue la hora de presentar las pruebas, el Abogado 2, del Señor T se presentó con una
lista de delitos menores cometidos por todos los presentes.
El objetivo era desviar la atención del Juez $, insistiendo en que fumar en espacios cerrados, acto cometido por los individuos de la A a la S, era más grave que el intento de homicidio.
El resultado fue que incluso los afectados directos de los disparos, terminaron en prisión pagando por delitos cometidos anteriormente.
Algunos ni siquiera habían delinquido en realidad, pero la intervención del Abogado 2 fue tan convincente que el Jefe Alfa, el Reverendo Beta y el Juez $ se internaron en los recintos penitenciarios como viles criminales. Y esa prisión se transformó en un índice de mala muerte, con todos dentro, de la A a la Z.


Vamos al grano. Fumar, evadir impuestos, robar dulces en supermercados, etc. Alguno de esos hechos, ¿Es más grave que asesinar? Digámoslo de otro modo, es inaceptable que un hecho se justifique o se defienda por otro. Ese es el punto límite de la cobardía, cuando dejamos de aceptar lo que hemos hecho, sólo porque nos parece más lógico pasar el peso de una pierna a la otra, de una mano a la otra, arrastrar a los demás como un huracán. Por egoísmo y miedo. La fuerza de los huracanes no se extingue hasta que ha arrastrado las suficientes casas y vidas. Y nadie les echa la culpa, todos están con los ojos puestos en las consecuencias y posteriores arreglos.

Confundir las cosas es el mayor delito que podemos cometer, nadie es digno de denunciar un delito siendo que ha cometido otro peor.

Patético.