jueves, 26 de noviembre de 2009

#0052: Parábola del centavo


Antes de que Dios fuera Dios, e incluso antes, decidió salir a dar un paseo. En una de las calles de aquella sofisticada ciudad, encontró un centavo. "Debe ser mi día de suerte" - afirmó.
Continuó su trayecto por aquella calle y encontró otro centavo, era menos reluciente que el primero, pero era un centavo al fin y al cabo.
Luego de encontrar algo así como veinte centavos, decidió ir a un mercado y comprar tres naranjas. No eran grandes ni pequeñas, pero eran naranjas al fin y al cabo.
Vendió cada una en quince centavos y con lo que había ahorrado, ya tenía cincuenta centavos. Entonces, decidió que era hora de expandir su pequeño negocio. Con lo recaudado, no sin guardar un porcentaje, compró cuatro naranjas y tres manzanas.
Y caminó un poco más allá, llegó hasta barrios muy apartados de su casa con la única intención de vender. Vendió cada naranja en veinte centavos y cada manzana en quince.
Una vez que hizo esto ya tenía a su haber un par de billetes, sucios y manoseados, pero billetes al fin y al cabo.
Por efecto de la sucesión, un tiempo después ya tenía bastante dinero, no sabía si comprar un televisor portátil o un computador, sabía que no necesitaba nada de eso, pero le atraía gastar sus dólares.
No se decidió por nada de eso, compró un puesto de frutas en el mercado más grande de la ciudad. Y una vez que hubo ganado mil veces lo invertido, se retiró y comenzó a definir en que invertiría tal ganancia.
Primero, compró una casa en lo más alto del cielo, contaminado y saturado de satélites, pero era lo más alto, al fin y al cabo.
Y como tenía tanto dinero, compró un planeta y lo puso en la vía láctea. Mandó a acercar el sol y puso a la luna para que el nuevo planeta orbitara. De su propio haber, dispuso árboles, arbustos, animales y al hombre. Con regaños incluidos, le regaló a la mujer, que le costó un ojo de la cara en aquel entonces, porque se vendía por separado.
Como los dotó de un cerebro muy poco adelantado - para que no se pasaran de listos - tuvo que corregir errores de su comportamiento. Y al más puro estilo de padre enfurecido, les quitó todos sus beneficios y los desterró a vivir de su esfuerzo y sacrificio.
Hecho esto, decidió gastar lo que quedaba de su dinero en unas merecidas vacaciones.
De nada sirvieron los halos de misericordia que dejó caer en siglos posteriores, ni los miles de santos y mártires que murieron esperando una muestra clara de su amor hacia los hombres, cuando Dios estuvo de vuelta, éramos tan desgraciados como lo fue él antes de comenzar su travesía.
A Dios no le quedaba dinero, por lo que tuvo que dedicarse el resto del tiempo hasta hoy, a sentarse en su trono celestial y manipular lo poco y nada que queda bajo su dominio, porque ahora habían millones de personas que manejaban más dinero que él.
Y no sólo eso, ahora el dinero es causa de asesinatos y riñas. Adiós Moisés y de paso los mandamientos, de nada sirvió el éxodo.
Y más allá, de qué sirvió el sacrificio mismo de Jesucristo si ahora las cruz que le significó dolor, se vende en el triple de lo que por él pagaron a Judas.
Y la culpa es nuestra, porque no supimos manejar el mundo que nos dejaste. Pero no somos faroles, ni vigías, cómo podríamos saber que ocurriría esto.
Debe de ser el destino, pero tengo sólo una pregunta...
Dios, ¿Por qué recogiste el maldito centavo?