jueves, 1 de octubre de 2009

#0049: ¡Bravo!


El colorido de la carpa nueva me hacía reflexionar sobre mi última decisión. Era hora de dar término a un ciclo y comenzar otro, en un nuevo ambiente, aunque no desconocido.


Los nervios me mataban, la entrada de artistas, una puerta bastante aparatosa, dejaba apreciar unos cuantos detalles de la pista y las bambalinas, ese aroma a espéctaculo me otorgó la suficiente confianza.


Una vez adentro, tuve que asumir que mi talento no se compararía jamás con de mis nuevos compañeros. Muy tímido, pregunté cual sería mi lugar en el show, pero la respuesta fue bastante limitada, debía remitirme a limpiar después de que todo terminara.


No pude hacer más que acatar tal decisión, no sin lamentarlo profundamente, pasar de trapecista a tramoya.


Una noche, una vez que todos se habían ido y que ya habí terminado mis labores, subí por la escalinata y me dispuse a disfrutar de lo que más amaba en la vida, el efecto del péndulo.


Una vez que bajé, reparé en que en la entrada de la pista se observaba una silueta. Me acerqué temeroso, no quería que me descubrieran.


Para mi tranquilidad, quien apareció era un payaso, digo "para mi tranquilidad" porque los payasos eran los seres menos déspotas dentro del circo.


Este payaso me hizo ver que mi talento estaba por sobre la actividad que me habían impuesto.


Me sentí muy protegido, en todo el circo no tenía a nadie más, y en ese minuto había encontrado un nuevo amigo, una nueva razón de ser.


En una de nuestras conversaciones, le pregunté el motivo por el cual él era payaso, me contestó con una amplia sonrisa: "Un payaso jamás está triste, porque aunque quiera estarlo, el maquillaje le obliga a estar feliz, para mostrarle al público que en el humor hay una respuesta para cualquier sufrimiento, en cuanto al mío, se borra con la risa de quienes me ven."


No pude evitar emocionarme ante tal doctrina, es por eso que para mí es importante destacar hoy la virtud de este hombre que no sólo hace reír, sino que también sabe llegar al alma.


Han pasado ya un par de años desde que lo conocí, pero hoy puedo dar fe y testimonio de que él es una de las personas más importantes en mi vida, porque me hizo cambiar la perspectiva respecto del mundo. Ahora, cada vez que lo veo, no puedo evitar abrazarlo y sonreír, porque el me indicó la importancia de hacerlo.


Es un ser de talento y luz, de un carisma incomparable y a pesar de que mis muestras de afecto exceden lo normal, siento que nunca es suficiente para su bondad y por todo el apoyo que me prestó cuando no sabía nada acerca del público de ese nuevo ambiente, que hoy gracias a él, es el lugar donde he pasado los mejores momentos de mi vida.

1 comentario:

  1. "Un payaso jamás está triste, porque aunque quiera estarlo, el maquillaje le obliga a estar feliz, para mostrarle al público que en el humor hay una respuesta para cualquier sufrimiento, en cuanto al mío, se borra con la risa de quienes me ven."
    ...
    definitivamente esa es la parte que más me llegó ...el no necesita ser reconocido ni mucho menos ser un personaje insigne en el circo, se conforma con ver al público gozar con su espectáculo, ver al espectador reir, soltar miles de carcajadas...como que disfruta sabiendo que por un momento esa persona dejó sus problemas a un lado aunque sea por un momento,que salió de su burbuja de mundo y dejó esa apatia y odio hacia su vida..

    nose..nunca habia visto el rol del payaso en ese ámbito..muchisimas gracias :)
    Fefi

    ResponderEliminar