sábado, 26 de septiembre de 2009

#0048: La influencia


La desilusión se apoderó de mi hace unos días, cuando pensaba que tenía todo ganado, que ya no había de que temer, que mis sueños ya se habían hecho realidad. Entonces la verdad se presentó como una bofetada fría y sin compasión.
Salía del salón y me encontré con la amada, escapaba de mí. La perseguí por casi una hora, no me hablaba y sólo alcanzaba a balbucear negativas respecto de mis preguntas.
Hasta que en un golpe adrenalínico, la tomé con fuerza por el brazo, me la llevé tras de un mostrador y le pregunté:

-¿Qué ocurre?
-No quiero hablar contigo-respondió.

Parecía que se había olvidado que un tiempo atrás le había declarado mi amor, que desconocía sus propios sentimientos, mas sus ojos no mentían, estaba confundida.

-No entiendo que ocurre-dije mirándola directamente.
-Me mentiste.

Fue un momento de coyuntura en la conversación, tuve que volver atrás en mi vida, un par de meses, busqué hasta el más mínimo detalle, pero no encontraba nada.

-¿Puedes ser un poco más clara?-ya perdía la paciencia.
-Me dijeron que mentiste sobre tus sentimientos.

La ira me tomó y me lanzó al piso, la sujeté aún más fuertemente y no pude hacer más que detenerme en sus ojos y hacer volar mi mente.
Pensaba:

-Decías amarme y no resististe escuchar un rumor, dudaste de mí y callaste, cual cobarde. No mereces siquiera que te dirija la palabra, no entiendo ahora y no lo voy a entender jamás."

Volví en mí y descubrí que ella se encontraba profundamente nerviosa, me miraba también, pero no se atrevía a soltarse, aún existía ese amor que la ligaba a mi cuerpo a pesar de que fuera la fuerza lo que nos mantenía unidos.

-¿Quién lo hizo?-dije, rompiendo el patético silencio.
-¿Qué más da? No puedo seguir hablando ahora, tengo que irme, es más, creo que me alejaré un tiempo de tí y de este lugar, no me siento bien aquí.

Y se fue. Los días que han pasado desde que no la veo han sido tortuosos desde cualquier punto de vista, es casi indescriptible la sensación de vacío en mi vida, pero lo peor de todo es esa incertidumbre de no saber si soy yo el culpable o no.

¿Por qué no podemos confiar en las personas? Sobre todo si decimos amarlas, tan solo quererlas basta para poder confiar.

Somos seres de influencia, no podemos vivir sin que una razón ajena haga presión sobre nuestras conciencias, qué bajo hemos caído.

Tras la noticia, escapé de todos y de todo, llovía, corrí y las gotas cubrían mis lágrimas, caí en medio de la calle y aproveché que nadie veía para poder acurrucarme en una pared del camino.

Al llegar a casa me serené y descubrí que cuando más pena se siente es cuando se sabe que no se es culpable. Sequé mis lágrimas, curé mis heridas y escribí mi nuevo lema, que me acompañará por siempre:

"Prefiero mil veces bailar con la escoba a comprometerme con una mujer que me dejaría plantado en la puerta de la iglesia por un chisme de peluquería, no es que sea un buen hombre, ni un santo, sólo se que me merezco algo mejor."

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