jueves, 27 de agosto de 2009

#0046: Soberbia


SOBERBIA. (Del lat. superbia.)

1.-Elación del ánimo y deseo desordenado de ser preferido a otros.

Las costumbres humanas nos muestran desde el principio a un hombre que busca ser el mejor, pero no contento con realizar bien las cosas, desea ser el único capaz de hacerlo posible, jamás ser comparado ni menos igualado, se convierte en un afán vertiginoso de controlar el ámbito en el que le gusta desarrollarse.


2.-Satisfacción y envanecimiento en contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.
El hombre soberbio jamás podrá apreciar el trabajo de los demás, siente que a lo ajeno le falta algo, e incluso se cree capaz de hacerlo infinitas veces mejor. Pero en realidad, al momento del desafío, se enreda en excusas, puesto que sabe que es mediocre en lo que ostenta. La persona humilde, por el contrario, reconoce que es lo que puede y no puede, sabe con exactitud sus límites y hace esfuerzos por superar las áreas que no domina con tanta facilidad.


3.-Exceso en la magnificencia, suntuosidad o pompa, especialmente hablando de los edificios.

He aquí el "lado B", en cuanto a objetos se refiere, la soberbia es una capacidad artística propia, solamente, de los grandes talentos universales. La diferencia radica en que los objetos no pueden hablar, sólo muestran, su belleza es producto de la apreciación colectiva, no de la propia.


4.-Cólera o ira expresadas de manera descompuesta.

Lo mencionado anteriormente, respecto a seres humanos, provoca una actitud de falso dominio sobre las demás personas. Es por eso, que en los momentos de rabia de las personas soberbias, escalan a un nivel de prepotencia y arrogancia que les posiciona por sobre las demás personas, es decir, eso piensan ellos.

Ofenden a quien se les ponga por delante, porque creen tener la autoridad sobre la situación. Sus gestos tienden a ser despectivos e inclinados, es decir, hablan hacia abajo, como si las palabras se fuesen a volar como su ego.


-No te creas mejor que yo, te conozco, a tí y a tus debilidades, no me vas a engañar con tu silencio.
Su mirada parecía arder en llamas, su desesperación crecía cada segundo, más y más.
-¿Aún callas? Que cobarde eres, no respondes porque sabes que yo soy el único que tiene la razón, tú no eres más que la sombra de lo que yo hago.
El silencio es expandía por la habitación, todo callaba.
-Si no pronuncias nada me obligas a tomar decisiones aún más drásticas. ¡Habla!
Y sin embargo, no hubo otro sonido más que su voz. Precipitadamente, tomó una piedra que trancaba la puerta y rompió el espejo.


"No permitas jamás que la soberbia domine en tu corazón o en tus palabras; porque de ella tomó principio toda especie de perdición."