domingo, 26 de julio de 2009

#0045: Por si acaso


Caminando por la vereda que parecía sin fin, el cielo nublado, el lomo pesado y su ego tres metros bajo tierra, él trataba de olvidar todo lo ocurrido aquel día, no era que hubieran ocurrido tragedias o desencuentros, sino que se sentía cansado y quería alejarse de aquel ambiente que le oprimía. Cada paso era incierto, porque la calle, ya oscura, reflejaba las luces de los autos que por allí transitaban.

Como su camino es recto, es para él imposible determinar la cantidad de cuadras recorridas y menos aún, las restantes. Sobre todo si consideramos que no le gusta mirar hacia los lados, le produce una sensación de extravío.

Ya completó un tercio de su trayecto, ahora ya no está solo, la calle se repleta de gente extraña, de vendedores y asaltantes, asesinos y pacifistas y tantos otros seres sin importancia.

Importan menos que un muermo, después de todo sus gestos de desprecio se hacen latentes desde el primer segundo. No soportan a la gente diferente, es más, se burlan de sus gestos y de uno en particular.

Sin embargo, si tanto les incumbe, que poco consecuentes son, porque no se dan siquiera un minuto para descubrir la razón que impulsa tales movimientos.

Cada cierta cantidad de pasos, él volteaba su cabeza, mirando el camino recto recorrido, escuchando su música, es por eso que procura estar alerta a lo que ocurra tras de él.

No teme a asaltantes ni asesinos, ni vendedores, menos a pacifistas, tampoco a los seres sin importancia que le hacían burla. Ese camino es propio, nadie puede invadir con buen resultado algo que no le pertenece. En ese sentido, está seguro de lo que hace, no es temor.

Ninguna de esas personas fue capaz de razonar, de descubrir la simpleza y complejidad simultánea de aquel movimiento.

La única razón por la cual voltea, por la cual realiza aquel gesto que tanta risa provoca, es porque quiere saber si es que alguna persona tras de él se ha devuelto a pedirle una mano, si es que alguien lo necesita.

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