viernes, 10 de julio de 2009

#0042: Parábola del Tártaro

Fue casi un parpadeo, menos que eso. Al recuperar la conciencia, pude observar un millar de personas delante de mí, otros cientos detrás. La fila recorría todo el lugar, desde la pizca de luz que se veía en la entrada hasta el fondo sin fin de los lúgubres pasillos del lugar.
La confusión se apoderó de mi cabeza, no recordaba nada, ni siquiera el trance desde el suelo fértil hasta ese horrible lugar, por lo que podía observar, era imposible abrirse paso entre la multitud y escapar, el fuego nos rodeaba.
Avanzábamos muy rápido, sin embargo no podía evitar detenerme por miedo a lo que nos esperaba al final del camino. Incertidumbre total, escuchaba alaridos a la distancia, la salvación era impensable, todos quienes estábamos allí debíamos llegar hasta el final inevitablemente.
El grupo estaba compuesto de asesinos, violadores, ladrones, sicópatas y tantos otros. Algunos, como yo, alegábamos inocencia, pero eran gritos mudos que rebotaban sin hacer eco en las oscuras paredes de ese subterráneo.
Ante mí había un gran estrado, pero no podía distinguir quien lo ocupaba, todo estaba oscuro y había mucho humo también. La voz que oía era un sonido estrepitoso, agudo y casi imperceptible, por poco me ensordece.
Las palabras de ese ser no me hacían sentido, narraba hechos indescriptibles, acusándome de cometerlos. Por algún extraño motivo me quedé en silencio, tal vez era la culpa, no recordaba nada, todos mis pensamientos eran nebulosas.
Habiendo malgastado mi tiempo de defensa, ese misterioso ser estaba listo para dictaminar.
En pocas palabras, me dieron a entender que por mis actos en vida debía pagar con trabajo y sufrimiento. Era el objetivo de ese lugar, un sitio de tortura, donde todos tendríamos que ser infelices para sentirnos un poco más tranquilos, sin embargo no habrá consuelo que sirva, seríamos esclavos por siempre.
Pude sacar la voz y decir que lo haría todo bien, que estaba arrepentido y que no volvería a cometer el mismo error.
Tan pronto como lo pronuncié pude parpadear y reaparecer en el mismo lugar que antes, lejos de ese laberinto oscuro, en mi tierra con mi gente. Mas yo supongo que esa no será ni la primera ni la última visita que haga a ese lugar.

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