lunes, 22 de junio de 2009

#0040: Esos años que no volverán...


A menudo mi abuelo solía decir aquella frase, aún recuerdo su voz en estos fríos días de invierno. Es verdad, no vale la pena que sigamos creyendo que los años dorados, esas décadas de bonanza y bienestar van a volver.

Yo no lo viví, pero espero representar bien el pensamiento de muchos...

No hay como esos días, en que la familia era lo importante, quien se casaba, estaba enamorado y se comprometía... Juraba amor eterno, estar en las buenas y en las malas, ser quien sostenga a los integrantes del círculo, ser amor y dar amor a quienes dio vida. Esos eran tiempos. Hoy, el concepto de familia se desvirtuó, para muchos, la familia es dormir con alguien o hacerse cargo de un hijo, eso no es familia, es culpa, irresponsabilidad.

En esos días, no había temor a que nos robaran, había confianza en las demás personas. En la actualidad vivimos entre ladrones, trabajamos para ellos y les pagamos a los timadores.

No hay derecho... En esos días, el dinero era necesario, pero no era lo único. Hoy vivimos en torno al metal y a sus derivados, luchamos en guerras por controlar monopolios que no nos otorgan ni una pizca de felicidad.

Aquellos días, cuando existían los sueños y nadie luchaba contra nadie, representábamos nuestras propias esperanzas, veíamos el futuro como algo lejano, disfrutábamos cada momento, éramos felices... Vivíamos, hoy sólo respiramos.

En esos días, le otorgábamos la importancia suficiente a una flor, a una sonrisa, a un "te quiero". En el presente, nos avergonzamos de esos gestos tan hermosos y que tantas satisfacciones nos podrían traer.

En aquel entonces existían las tradiciones y eran sagradas, cada familia se identificaba con sus propios ritos. Hoy toda nuestra existencia está ensuciada con blasfemias e idioteces.

Esos días de sana competencia, donde el deporte era deporte. No importaba ganar ni perder, sino dar lo mejor de sí, intentarlo con fuerza. Hoy, el afán de éxito no mide consecuencias, no se fija en nombres ni almas.

Esos años de boleros y tangos, de tardes de té y de tantas anécdotas, del campo, del trabajo, del esfuerzo, de lo merecido, de tantos recuerdos, de tantas historias, de dulce y agraz, de luto y dolor, de tragedia y risas, de vivir la vida.

Qué días aquellos... Ahora con mi copa en la mano, propongo un brindis. Brindo, queridos hermanos, por esos años que no volverán.

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