lunes, 22 de junio de 2009

#0038: El poder


En la cúspide de toda sociedad, se encuentran quienes ejercen el poder. Muchos de ellos, gracias a la democracia, han sido escogidos por el propio pueblo, para que les representen. No obstante, existen muchos de ellos que buscan el poder para manipular y dominar como en un juego de ajedrez.

Para muchos esto no significa un inconveniente, sin embargo hay quienes creemos en el verdadero poder, el que no pretende ostentar.

Es lógico que repudiemos esta suerte de tiranía que no veíamos desde hace tantos años.

No podemos interpretar este concepto a la ligera, es necesario que tomemos en cuenta algunos factores que influyen en su desarrollo.

El afán de poder, surge desde una carencia, una necesidad afectiva, muchas veces producida por una pérdida.

Este fenómeno sicológico se explica de la siguiente manera; como seres humanos, muchas veces nos consideramos mejores que los demás. Nos atribuimos roles que no son propios de nuestra naturaleza, y ese pensamiento nos hace sentir perfectos, intocables.

Mas, el destino es es sabio, sabe hacer las cosas, nos arrebata lo que más amamos, entonces surge la inquietud. "Si soy fuerte y bueno en lo que hago, si me considero intocable y perfecto, ¿Por qué no puedo evitar esto que está pasando? ¿Hasta dónde llega mi poder? ¿Es realmente poder?"

Desde ese minuto, el rencor se apodera de nuestras vidas. Entonces recurrimos al poder para pisotear a los demás, para hacerles sentir ese amargo sabor en la boca, el dolor.

Como vemos nuestros sueños derrumbados, buscamos que los demás pierdan los suyos también, en ese sentido y tomándolo del modo más frío, estamos haciendo un bien a largo plazo.

Pero ese deber no nos corresponde, ¿Quiénes somos nosotros para determinar los sufrimientos y desilusiones de los demás? No somos nada. En el viento nos perderemos cuales granos de arena en la ráfaga. En el aire moriremos cual suspiro en la alborada.

Cuántos siglos nos ha costado entenderlo.


"Vivo, mato, ejerzo el poder delirante del destructor, comparado con el cuál del creador parece una parodia." (*)


Calígula es un ejemplo claro de este punto de vista, es deber del pueblo aceptar su decisión, no puede ser de otra manera, no ha sido escogido, no hay elección en ello. Calígula aprovecha la situación, para ejercer su poder delirante y asume que es destructor. Es irónico, pero no tonto, conoce a la perfección los riesgos que corre. Calígula comprendió que el amor no trasciende en el tiempo, menos después de la muerte. La única manera de trascender es hacer sufrir y que le recuerden por su barbarie. Marcado por el capricho, el poderoso que desea la luna, no la pudo conseguir, pero es alguien fuera de este mundo, es inmortal. Inmortal mientras viva en el recuerdo madurado en lágrimas de quienes hizo sufrir y abrir los ojos.

Hemos avanzado desde Roma, encontrando falsas soluciones y luces de esperanza, pero el poder siempre ha girado en torno a los mismos individuos, caprichosos como ningunos, tales como el mismo Calígula.

Siglos y siglos de constante cambio y sin embargo no hay evolución.


(*) Calígula, Albert Camus

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