domingo, 21 de junio de 2009

#0036: Ira


IRA (del latín ira)

1.-Pasión que mueve a indignación y enojo.
¿Pasión? Sí, pasión. Es esa llama interna que prendemos poco a poco, se alimenta de nuestra rabia, del rencor y el resentimiento. Nos hace alucinar, sacar conclusiones apresuradas, actuar sin sentido ni criterio y tantas otras cosas. Cuales toros, arremetemos con todo ante quien se nos aparezca en frente, intervenga o no en nuestros planes. Produce ceguera, nos es imposible ver la realidad cuando estamos bajo la influencia de la ira.

2.-Deseo de injusta venganza.
Cuando nos encontramos en un trance iracundo, muchas veces creemos ver enemigos donde no los hay. Antes mencionaba que es prácticamente imposible extinguir la llama de la ira, mas nuestro cuerpo siente la necesidad de descargar la fuerza de la furia en un ser, que consideramos inferior. Mas allá de si la agresión es física, verbal o psicológica, es importante mencionar que nos manejamos siguiendo nuestros instintos, no existe racionalidad en ello.
3.-Deseo de venganza conforme a orden de justicia.
La utilización de la palabra "justicia", corresponde en este caso a una visión subjetiva de la realidad, es decir, nuestra realidad. Lo que nosotros consideramos justos y que muchas veces no corresponde a las necesidades de los demás ni al bien común. El individuo que siente la ira, no piensa en los demás, en construir vínculos, por el contrario, siente deseos enfermizos por destruir.
4.-Repetición de actos de saña o venganza.
Saña... Qué fácil es, cuando sentimos rencor, aprovecharnos de la situación y descargar la ira de forma reiterada en una sola persona. Es simplemente una señal de cobardía, nos sentimos indefensos, pero reflejamos ese temor en los demás, aduciendo siempre al pasado, de este modo, cubrimos nuestras faltas, atribuyéndolas innecesariamente a quienes queremos lastimar.

Él no solía actuar tan violentamente, pero la rabia pudo más, tomó un cuchillo y sin dudar, en tan solo un par de minutos, otorgó más de 10 puñaladas en puntos vitales de su cuerpo de mujer. No existían motivos aparentes, sin embargo él tenía una razón poderosa, ella le había colmado la paciencia.

"Sepan esto, mis amados hermanos. Todo hombre tiene que ser presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar, lento en cuanto a ira; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo tanto, desechen toda suciedad, y esa cosa superflua, la maldad, y acepten con apacibilidad la implantación de la palabra que puede salvar sus almas."
(Sntg 1: 19-21) (Traducción del Nuevo Mundo).

¡Calla, lobo maldito! consúmete interiormente por tu propia rabia. El Inferno, Canto 7, línea 8,9

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