martes, 16 de junio de 2009

#0031: El primer encuentro


Ya sabiendo su dirección me encaminé tan pronto como pude, después de todo, no había tiempo que perder. Ya no importaba que haría estando allí, lo que en realidad era importante, eran mis ganas de verla y poder conversar directamente con ella, cosa que no había hecho, ya que la conversación de dos minutos en el centro comercial no servía como diálogo efectivo.
A medida que me acercaba a la calle de destino, palpitaba más rápido mi corazón, no cabía de emoción e incertidumbre. Cada segundo que avanzaba me acercaba más a la verdad y, por qué no, al perdón.
Reconocí la calle y comencé a buscar el número de la residencia, que había anotado en un papel donde ya casi no reconocía la letra, pues lo mantenía presionado con mis manos, sudorosas por la angustia y las ansias.
Llegué a la casa, debo admitir que estuve media hora afuera, tratando de tranquilizarme y de ensayar que le diría a mi tía cuando pudiera hablar con ella. Fue un momento de reflexión y quietud, no me sentía preparado aún cuando escuché un ruido desde dentro de la casa.
Una muchacha, joven y muy atractiva salía de la casa. No alcancé a esconderme, así que ella se acercó y me preguntó:

-¿Deseas algo?
-Este... ¿Tu vives aquí? - pude pronunciar, no sin poco esfuerzo.
-No, yo cuido a la señora que aquí vive, soy la hija de la vecina. - aclaró.

Quedé estupefacto, era la misma niña que había hablado conmigo por el teléfono. Me aterrorizaba aún más el hecho de haber pensado que esa joven tenía 6 años o algo así.Estúpidamente, me sentí en confianza y le dije:

-Yo hablé contigo por teléfono hace un rato. ¿Recuerdas?
-Ah, eras tú. Por algún extraño motivo, sentí tu voz más ronca que ahora. - dijo, dejándome en claro que ella no era la única que daba la sorpresa.
-¿Ah, si? No importa. ¿Está la señora? - pregunté.
-Sí, pero no puedes pasar a verla. Luego de que llamaste, la señora se enojó un poco, y la entiendo, le cortaste el teléfono. Se sintió mal y se recostó a descansar. - me dijo con cara de rencor falso.
-Oh...Lo siento, ella debe sentirse muy mal, porque está la mayoría del tiempo en cama.

Hubo un silencio aterrador, en un par de minutos, ninguno de los dos pronunció palabra alguna, hasta cuando ella hizo un ademán extraño, que no entendí.
En ese momento, ella comenzó a llorar desconsoladamente y entre sollozos me dijo:

-Ella no está bien, va a morir. No sabemos cuando, pero no queda mucho tiempo.

Por algún motivo, yo me acerqué y ella también. Se apoyó en mi hombro y lloró un buen rato, vi sus ojos, hermosos cuales lagunas de agua cristalina y su cabello dorado me cautivó, sin embargo no podía fijarme en su inmensa belleza en ese momento. Por lo cual, la aparté de mí un instante, aún lloraba. No sabía que hacer, luego de meter mi mano en el bolsillo de mi pantalón, encontré el pañuelo que me había dado la ancianita. Se lo entregué y dejé que lo conservara.

-Aún no me dices quien eres y que haces aquí.

Le dije mi nombre y ella se sonrojó, me fijé en que se sorprendió, fue una sensación rara para mí, cambió su tono de voz y me dijo:

-En ese caso... Ven, pasa adelante.

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