martes, 16 de junio de 2009

#0030: Desahogo


No lo entendío entonces y no lo entiende ahora. Toda esa rutina, la costumbre y el cansancio terminaron por destruir su paciencia y acabar consigo. Cuanto más se acercaba a los logros, más lejos estaba realmente, estaba cegado por el afán de éxito... Que confuso es todo esto.

Abrió los ojos, aún estaba allí, en la misma posición, pero se sentía diferente, era otra persona. No era para menos, acababa de quebrar sus esquemas, salió de la vida mecanizada y volvió por unos minutos a la verdadera vida. A esa vida plena de sentimientos, de errores y aciertos, pero muchos más errores. Olvidó cuan feliz era equivocándose, que con todos esos errores, aún existían para él una inmensidad de oportunidades.

Mas luego de unos segundos, sintió necesidad de volver a la máquina, dejó el campo entonces, debe ser que su nuevo ser no estaba adaptado para recibir el amparo en tal cantidad, se volvió un autómata más, capaz de resistirse a la nobleza más grande, la de la tierra. Ese pequeño desahogo era necesario, lo hacía cada día y juraba en vano que no volvería a hacerlo. Mas sus múltiples cansancios y quebrantos lo manejaban en una suerte de "piloto automático" a aquel lugar donde podía llorar y regar el suelo que luego albergaría sus rodillas cansadas una y otra vez. Juró también ese día.

No mucho después, al día siguiente, se hallaba en la misma situación, arrancaba de la ciudad para sentir el latido de sudor y trabajo que ofrecía amablemente esa tierra.

Debía hacerlo rápido, corría el riesgo de acostumbrarse... Tomó su auto, avanzó kilómetros por la carretera, salió de la ciudad hasta llegar a la zona rural, estando allí, se estacionó y bajó del vehículo. Allí estaba el espacio, que aunque reducido, era ideal para su ritual. Sí, ya era para él un ritual, lo hacía por reflejo, ante cualquier dificultad.

Antes, hubiera vigilado que nadie lo viera, pero ahora poco importaba, después de todo, su necesidad era lo único importante...

Miró hacia el cielo, dejó caer sus brazos y se cayó de rodillas al suelo enlodado lanzando un grito de llanto desconsolado, que se escuchó hasta el fondo de su propia alma, y aún así, seguía siendo mudo en comparación a sus verdaderos deseos de gritar.
Calló, miro al suelo y apoyó sus manos en la tierra, luego de eso, se sintió en paz, así que cerró los ojos.

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