viernes, 22 de mayo de 2009

#0026: El asesino


A Mariana le atraía mucho el mundo del arte, mas no halló nunca la oportunidad de mostrar públicamente sus trabajos.
Cristián, su esposo, la apoyó desde siempre, pues consideraba que el trabajo de ella era sublime.
Ella trabajaba muy duro para alcanzar su sueño, hasta que un día, se presentó su única oportunidad de exhibir sus obras. Cristián había conseguido un salón de la compañía donde trabajaba para una exposición artística y conceptual.
Ella recopiló sus mejores obras y las dispuso en el salón, lamentaba que su esposo no pudiera asistir, pero estaba feliz, todo su esfuerzo daba por fin buenos resultados.
En medio de la exposición, luego de elogios y vítores, recibió un llamado telefónico que derrumbó toda la felicidad que tenía, así como sus ganas de vivir.
Su hermana menor, adolescente, había sido asesinada el mismo día en circunstancias dudosas. Cristián apareció velozmente y la llevó a la casa de sus padres.
Mariana guardó esa pena en su corazón, sin embargo plasmó ese sentimiento en sus pinturas siguientes.
No habían pasado muchos para días cuando recibió el segundo aviso. La casa de sus padres había sido quemada intencionalmente con ellos adentro, ambos durmieron abrazados, y así, en esa posición, sus cuerpos calcinados fueron encontrados por la policía.
El cuerpo policial ya había iniciado una investigación al respecto, con una lista reducida de sospechosos, emprendieron la búsqueda de un antiguo contador de la hacienda familiar, a quien correspondería buena parte de la herencia en caso de no encontrase familiares vivos.
Mariana advirtió que sería la siguiente, no existían más familiares sino ella.
Unos días después, fue citada por la policía. El contador había sido descubierto rondando el vecindario donde vivía Mariana, el cual estaba siendo custodiado por la policía.
Ella corrió a la estación de policía ante el llamado, acudió también su esposo. La policía explicó que la pena de tal delito, era la cadena perpetua. El contador luego sería asesinado dentro de la cárcel por un grupo de reos.
Saliendo de la estación de policía, Mariana se sentía tranquila, subió al auto con Cristián, ya no había de que temer.
Eso pensaba Mariana, puesto que no sospechaba que el verdadero asesino dormía con ella todas las noches.

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