jueves, 14 de mayo de 2009

#0023: Teoría de la cárcel


Tras años de delinquir y escapar, la policía lo encontró huyendo tras su último crimen. Sin demora, lo redujeron y transportaron hasta la cárcel, a la espera del juicio en su contra.
En el carro policial se hallaba solo, sin ayuda alguna, tan indefenso como cuando salió a las calles a buscar fortuna. Pasó de una banda en otra, hasta que se largó a volar y montó su propio "negocio" y dejó atrás a su familia callejera.
Ahí en el asiento trasero, esposado, privado de libertad. ¿Libertad? Nunca la tuvo, pasó de un lio a otro, ajustes de cuentas, etcétera. Siempre ocupado en el mundo de la delincuencia.
Ya en la cárcel, ocupó su celda, que debió compartir con otros 3 reos. Al primero lo encarcelaron por parricidio frustrado, al segundo lo culparon de abusos sexuales reiterados a una menor de edad y el tercero jura que se le acusa injustamente de mutilar y esconder los restos de su esposa muerta.
Pasó algunas horas allí sin hablar, pero quiso romper el hielo y pronunció algunas frases sin sentido, tras esos comentarios, el silencio se hizo aún más aterrador. Los compañeros de celda lo miraron, se acercaron y le explicaron el mecanismo de la cárcel.
Él quedó pasmado, era igual que en la calle, grupos, dominios, amenazas y corrupción. Sin embargo el clima de la cárcel le provocaba una sensación distinta...
Llegó el día de su juicio, los contactos que él tenía afuera le permitieron conseguir un abogado de esos que son capaces de dar vuelta un caso en favor de sus defendidos. En la audiencia fue llamado a declarar, su abogado lo había preparado de tal modo que fuera imposible perder, todo estaba a su favor.
El juez hizo aquella pregunta de rigor:
-El acusado, ¿Cómo se declara?
Sin dudar un segundo, tras la pregunta, de sus labios surgió:
-Culpable
Se volvió adicto a la cárcel. ¿Extraño? No, el ambiente de la calle era igual al de la cárcel, pero en esta última, el se siente seguro, no hay nada que perder, y él está dispuesto a matar otra vez para volver al encanto de las celdas.
La prisión es castigo, pero es refugio, es salvación, adicción del débil y maldición del inocente.

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