sábado, 2 de mayo de 2009

#0011: Valentía impuesta

No sé cuanto tiempo tardé en reaccionar, pero no creo que haya sido tanto, después de todo, era tarde, no había tiempo de detenerme, así ha sido mi vida, he necesitado un descanso desde hace tanto que ya siento que cuando lo logre moriré de pena o de cansancio, ese miedo no me deja parar.
Como todo ser humano, no me gusta aparentar que estoy mal, pero que diablos...
Estaba pésimo, ella no debió volver a aparecer, o yo jamás debí alejarme ¿Qué es todo esto? Es muy macabro...
Tomé el pañuelo de la ancianita, no pretendía que me entendiera, pero entre sollozos le dije:
-Si supiera cuanto siento lo que ha pasado. No me gusta que me vean así.
-Yo te entiendo, pero la vida es así, y cuando el perdón no quiera salir de tus labios no lo fuerces, espera a que sea natural y entonces estarás más tranquilo. Y ya no llores, que tienes unos ojos muy lindos...
Sonrió...
Caminé hacia mi casa y pude estar tranquilo, la paz que esa anciana otorgaba era distinta a cualquier sensación que hubiera tenido.
Para encontrar la verdadera tranquilidad, tenía que pensar, conocerme y conocer lo que pasaba.
Pensé, visualizé un fondo negro y sobre éste plasmé todas las ideas de lo que había ocurrido, lloré porque me di cuenta de que mi vida gira en torno a lo que me gusta vivir, pero nunca giró sobre el daño que hubiera podido provocar, era un niño solamente, era inocente, no sabía lo que ocurría...
El llanto recorría cada centímetro de mi rostro, y entonces grité de dolor al recordar sus palabras:
-¿Cómo estás tú?
Y ¿Cómo estoy? Destrozado, es posible que esta sea la peor sensación que haya sentido, es terrible este dolor, pero ahí estaba ella, no podía cerrar los ojos sin verla brillar.
A ella no le importa que le haya hecho trizas la vida, cómo es posible eso, es muy noble de su parte, ella no parece sufrir por lo que ocurrió, pero ¿Sufrirá realmente? Yo, en lo personal, creo que sí, es que no se puede seguir así, después de tenerlo todo, pasar a no tener nada, por culpa de un niño.
Y ahí hay otro problema, ya no soy un niño, soy un hombre, hecho y derecho, no estoy aquí para recibir perdón tan solo porque llore un poco...
Entonces me iluminé...
-Tengo que buscarla y pedirle perdón - Dije, sin importar lo que eso significara.
¿Por dónde empezar? ¿Dónde vive? ¿Se habrá casado de nuevo? A lo mejor interrumpa su vida familiar otra vez... ¿Qué hago?
-Sea lo que sea, tengo que partir rápido. - logré susurrar.
Al otro día me preparé para partir, era entonces o nunca, no había nada que perder, al contrario...
No lo sabía entonces y no lo sé ahora, no estaba preparado, después de todo lo único que me quedaba era la culpa y un pañuelo.

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