jueves, 26 de noviembre de 2009

#0052: Parábola del centavo


Antes de que Dios fuera Dios, e incluso antes, decidió salir a dar un paseo. En una de las calles de aquella sofisticada ciudad, encontró un centavo. "Debe ser mi día de suerte" - afirmó.
Continuó su trayecto por aquella calle y encontró otro centavo, era menos reluciente que el primero, pero era un centavo al fin y al cabo.
Luego de encontrar algo así como veinte centavos, decidió ir a un mercado y comprar tres naranjas. No eran grandes ni pequeñas, pero eran naranjas al fin y al cabo.
Vendió cada una en quince centavos y con lo que había ahorrado, ya tenía cincuenta centavos. Entonces, decidió que era hora de expandir su pequeño negocio. Con lo recaudado, no sin guardar un porcentaje, compró cuatro naranjas y tres manzanas.
Y caminó un poco más allá, llegó hasta barrios muy apartados de su casa con la única intención de vender. Vendió cada naranja en veinte centavos y cada manzana en quince.
Una vez que hizo esto ya tenía a su haber un par de billetes, sucios y manoseados, pero billetes al fin y al cabo.
Por efecto de la sucesión, un tiempo después ya tenía bastante dinero, no sabía si comprar un televisor portátil o un computador, sabía que no necesitaba nada de eso, pero le atraía gastar sus dólares.
No se decidió por nada de eso, compró un puesto de frutas en el mercado más grande de la ciudad. Y una vez que hubo ganado mil veces lo invertido, se retiró y comenzó a definir en que invertiría tal ganancia.
Primero, compró una casa en lo más alto del cielo, contaminado y saturado de satélites, pero era lo más alto, al fin y al cabo.
Y como tenía tanto dinero, compró un planeta y lo puso en la vía láctea. Mandó a acercar el sol y puso a la luna para que el nuevo planeta orbitara. De su propio haber, dispuso árboles, arbustos, animales y al hombre. Con regaños incluidos, le regaló a la mujer, que le costó un ojo de la cara en aquel entonces, porque se vendía por separado.
Como los dotó de un cerebro muy poco adelantado - para que no se pasaran de listos - tuvo que corregir errores de su comportamiento. Y al más puro estilo de padre enfurecido, les quitó todos sus beneficios y los desterró a vivir de su esfuerzo y sacrificio.
Hecho esto, decidió gastar lo que quedaba de su dinero en unas merecidas vacaciones.
De nada sirvieron los halos de misericordia que dejó caer en siglos posteriores, ni los miles de santos y mártires que murieron esperando una muestra clara de su amor hacia los hombres, cuando Dios estuvo de vuelta, éramos tan desgraciados como lo fue él antes de comenzar su travesía.
A Dios no le quedaba dinero, por lo que tuvo que dedicarse el resto del tiempo hasta hoy, a sentarse en su trono celestial y manipular lo poco y nada que queda bajo su dominio, porque ahora habían millones de personas que manejaban más dinero que él.
Y no sólo eso, ahora el dinero es causa de asesinatos y riñas. Adiós Moisés y de paso los mandamientos, de nada sirvió el éxodo.
Y más allá, de qué sirvió el sacrificio mismo de Jesucristo si ahora las cruz que le significó dolor, se vende en el triple de lo que por él pagaron a Judas.
Y la culpa es nuestra, porque no supimos manejar el mundo que nos dejaste. Pero no somos faroles, ni vigías, cómo podríamos saber que ocurriría esto.
Debe de ser el destino, pero tengo sólo una pregunta...
Dios, ¿Por qué recogiste el maldito centavo?

sábado, 24 de octubre de 2009

#0051: Racconto


Para que Dinora me perdonara, era necesario que le contara mi versión de los hechos. Por lo tanto, debía volver al pasado, para reproducir fielmente todo lo sucedido en la hacienda.

En aquel entonces, vivíamo a pocos kilómetros del lugar. Esa era la razón de nuestras reiteradas visitas.

Dinora vivía con mi tío Gaspar y con la abuela. Siempre pensé que era buena idea que le hicieran compañía, porque como ella era una mujer sola, más temprano que tarde necesitaría ayuda para la mayoría de las cosas.

La caja de Pandora se abrió la última vez que pude ver a mi abuela con vida.

Recuerdo de manera nítida esa visita, entramos por el camino de tierra, al llegar a la entrada de la hacienda, mi padre buscó un buen lugar en el estacionamiento, mientras que mi madre y yo llevábamos algunas de nuestras cosas a la casona.

Dentro estaban Dinora y Gaspar, como yo entré primero, alcancé a escuchar un poco de su conversación. Hablaban de dineros y terrenos que eran propiedad en ese entonces de mi abuela.

Me pareció bastante arbitrario que comenzaran a repartir tierras y ganancias, siendo que la abuela no estaba siquiera enferma. Eso pensaba yo.

Cuando advirtieron nuestra presencia, no hubo expresiones definidas en sus rostros. Sólo recuerdo que nos saludaron y luego nos llevaron a las habitaciones para acomodar nuestras cosas.

Me había parecido raro no ver a la abuela, así que me decidí a preguntar. Para mi angustia, la abuela se encontraba enferma, por lo que debía permanecer en su cuarto recostada.

Dinora llevó a mi madre a conversar al patio, le ofreció un cigarrillo, pero mi madre no fumaba, ni siquiera en instancias sociales que ameritaran esa conducta.

Mi padre y Gaspar, por otro lado, comenzaron a hablar de dineros y tierras también, como hermanos, debían decidir el destino de las ganancias de la hacienda y repartir los terrenos.

Dinora era una suerte de "enfermera particular" de la abuela, ella debía suministrarle los medicamentos y llevarle las 3 comidas diarias a la cama.

Yo, en un afán de descubrir que era lo que realmente le ocurría a la abuela, decidí preguntarle a Dinora directamente.

Una vez que terminé mi pregunta, ella me miró con una dulzura extraña, apagando su cigarrillo me dijo:

-La abuela no está bien, debe descansar, los medicamentos que hemos pedido a la capital han dejado de llegar y no tenemos otra forma de conseguirlos.

Me abrazó con fuerza y yo lloré en sus brazos porque había descubierto lo que ocurriría más tarde.

La abuela moriría.

viernes, 2 de octubre de 2009

#0050: Vuelo 1208


Sin duda, el mayor beneficio de la clase turista es la calidez del ambiente, me refiero a los pasajeros, vienen del mismo lugar que yo, no hay mayor diferencia de clase.

De diferentes naciones, llegaron todos, mas todos llevaban en sus maletas distintos sueños.

En esta sección del avión, la capacidad máxima es de 100 pasajeros, pero en este vuelo, los que viajaban no excedían los 30.

1C: Marcela viaja a México, allí le espera una oportunidad de trabajo que no puede rechazar.

1G: Gabriel viaja a Lima para reencontrarse con su esposa, que vive en la capital peruana y a la cual no veía hace años.

2A: Mariano viaja por viajar, es un trotamundos y espera que su estadía en Caracas sea placentera.

2F: No recuerdo el nombre de ese sujeto, pero recuerdo que se paseaba nervioso en cada escala, me parece que su esposa acababa de dar a luz. Supongo que sería una lástima que no estuviesen juntos en ese momento.

3A: Camila, sin embargo, viajaba llevando en su vientre a su hija, mas ella no lo sabía. Nadie lo sospechaba siquiera.

3C: Francisca, después de una desilusión amorosa, decidió regresar a su natal D.F. No debe ser extraño que en las escalas pudiera conversar con Marcela, quien necesitaría una guía en aquella ciudad.

4D: Yo, por mi parte, no viajaba solo, me acompañaban mis amigos, que repletaban toda la fila 4, nos dirigíamos a Buenos Aires, a pasar unos días de nuestras vacaciones.

Los demás pasajeros, se mantuvieron callados, por lo que ni mis amigos ni yo pudimos deducir el motivo de sus viajes.

Una vez que despegamos, muchos apegaron sus cabezas a las cómodas almohadas de la clase turista. Yo, sin embargo, me hallaba temeroso, era mi primer vuelo, entonces esperaba lo peor.

No habían pasado más de 10 minutos, cuando un pequeño temblor en mi asiento despertó mis temores. Se hacía más intenso a cada minuto, pero no lo suficiente para alarmar a los demás pasajeros.

Los parlantes hicieron su trabajo, ahora todos prestaban atención a la turbulencia.

Caíamos en picada. Extrañamente, nadie gritaba ni hacía mayor ruido, eso es de malas películas. Se encontraban serenos, no había otra opción. Se acabó el trabajo, el reencuentro, el hijo, la incertidumbre, el placer de viajar por viajar, las vacaciones, todo.

Y es así, señores, tal como la vida es un viaje, puede acabarse de manera súbita como en este caso, donde el destino es la muerte, el fracaso y la desilusión. Donde las maletas estaban repletas de sueños y se volvían más pesadas de lo que jamás seríamos capaces de soportar.

Accidente o no, justo o no, era nuestro deber resignarnos a perecer en medio del vuelo, sin haber completado 20 minutos de este.

No hubo dolor, fue solo una luz muy potente que nos cegó. Luego de eso, nada más.

La voluntad divina nos puso allí y fue quien quizo que abordáramos el avión, por lo tanto no hubiese podido ser de otra manera. Nuestro boleto tenía un solo destino, enterrar nuestros sueños en el fondo del mar.

jueves, 1 de octubre de 2009

#0049: ¡Bravo!


El colorido de la carpa nueva me hacía reflexionar sobre mi última decisión. Era hora de dar término a un ciclo y comenzar otro, en un nuevo ambiente, aunque no desconocido.


Los nervios me mataban, la entrada de artistas, una puerta bastante aparatosa, dejaba apreciar unos cuantos detalles de la pista y las bambalinas, ese aroma a espéctaculo me otorgó la suficiente confianza.


Una vez adentro, tuve que asumir que mi talento no se compararía jamás con de mis nuevos compañeros. Muy tímido, pregunté cual sería mi lugar en el show, pero la respuesta fue bastante limitada, debía remitirme a limpiar después de que todo terminara.


No pude hacer más que acatar tal decisión, no sin lamentarlo profundamente, pasar de trapecista a tramoya.


Una noche, una vez que todos se habían ido y que ya habí terminado mis labores, subí por la escalinata y me dispuse a disfrutar de lo que más amaba en la vida, el efecto del péndulo.


Una vez que bajé, reparé en que en la entrada de la pista se observaba una silueta. Me acerqué temeroso, no quería que me descubrieran.


Para mi tranquilidad, quien apareció era un payaso, digo "para mi tranquilidad" porque los payasos eran los seres menos déspotas dentro del circo.


Este payaso me hizo ver que mi talento estaba por sobre la actividad que me habían impuesto.


Me sentí muy protegido, en todo el circo no tenía a nadie más, y en ese minuto había encontrado un nuevo amigo, una nueva razón de ser.


En una de nuestras conversaciones, le pregunté el motivo por el cual él era payaso, me contestó con una amplia sonrisa: "Un payaso jamás está triste, porque aunque quiera estarlo, el maquillaje le obliga a estar feliz, para mostrarle al público que en el humor hay una respuesta para cualquier sufrimiento, en cuanto al mío, se borra con la risa de quienes me ven."


No pude evitar emocionarme ante tal doctrina, es por eso que para mí es importante destacar hoy la virtud de este hombre que no sólo hace reír, sino que también sabe llegar al alma.


Han pasado ya un par de años desde que lo conocí, pero hoy puedo dar fe y testimonio de que él es una de las personas más importantes en mi vida, porque me hizo cambiar la perspectiva respecto del mundo. Ahora, cada vez que lo veo, no puedo evitar abrazarlo y sonreír, porque el me indicó la importancia de hacerlo.


Es un ser de talento y luz, de un carisma incomparable y a pesar de que mis muestras de afecto exceden lo normal, siento que nunca es suficiente para su bondad y por todo el apoyo que me prestó cuando no sabía nada acerca del público de ese nuevo ambiente, que hoy gracias a él, es el lugar donde he pasado los mejores momentos de mi vida.

sábado, 26 de septiembre de 2009

#0048: La influencia


La desilusión se apoderó de mi hace unos días, cuando pensaba que tenía todo ganado, que ya no había de que temer, que mis sueños ya se habían hecho realidad. Entonces la verdad se presentó como una bofetada fría y sin compasión.
Salía del salón y me encontré con la amada, escapaba de mí. La perseguí por casi una hora, no me hablaba y sólo alcanzaba a balbucear negativas respecto de mis preguntas.
Hasta que en un golpe adrenalínico, la tomé con fuerza por el brazo, me la llevé tras de un mostrador y le pregunté:

-¿Qué ocurre?
-No quiero hablar contigo-respondió.

Parecía que se había olvidado que un tiempo atrás le había declarado mi amor, que desconocía sus propios sentimientos, mas sus ojos no mentían, estaba confundida.

-No entiendo que ocurre-dije mirándola directamente.
-Me mentiste.

Fue un momento de coyuntura en la conversación, tuve que volver atrás en mi vida, un par de meses, busqué hasta el más mínimo detalle, pero no encontraba nada.

-¿Puedes ser un poco más clara?-ya perdía la paciencia.
-Me dijeron que mentiste sobre tus sentimientos.

La ira me tomó y me lanzó al piso, la sujeté aún más fuertemente y no pude hacer más que detenerme en sus ojos y hacer volar mi mente.
Pensaba:

-Decías amarme y no resististe escuchar un rumor, dudaste de mí y callaste, cual cobarde. No mereces siquiera que te dirija la palabra, no entiendo ahora y no lo voy a entender jamás."

Volví en mí y descubrí que ella se encontraba profundamente nerviosa, me miraba también, pero no se atrevía a soltarse, aún existía ese amor que la ligaba a mi cuerpo a pesar de que fuera la fuerza lo que nos mantenía unidos.

-¿Quién lo hizo?-dije, rompiendo el patético silencio.
-¿Qué más da? No puedo seguir hablando ahora, tengo que irme, es más, creo que me alejaré un tiempo de tí y de este lugar, no me siento bien aquí.

Y se fue. Los días que han pasado desde que no la veo han sido tortuosos desde cualquier punto de vista, es casi indescriptible la sensación de vacío en mi vida, pero lo peor de todo es esa incertidumbre de no saber si soy yo el culpable o no.

¿Por qué no podemos confiar en las personas? Sobre todo si decimos amarlas, tan solo quererlas basta para poder confiar.

Somos seres de influencia, no podemos vivir sin que una razón ajena haga presión sobre nuestras conciencias, qué bajo hemos caído.

Tras la noticia, escapé de todos y de todo, llovía, corrí y las gotas cubrían mis lágrimas, caí en medio de la calle y aproveché que nadie veía para poder acurrucarme en una pared del camino.

Al llegar a casa me serené y descubrí que cuando más pena se siente es cuando se sabe que no se es culpable. Sequé mis lágrimas, curé mis heridas y escribí mi nuevo lema, que me acompañará por siempre:

"Prefiero mil veces bailar con la escoba a comprometerme con una mujer que me dejaría plantado en la puerta de la iglesia por un chisme de peluquería, no es que sea un buen hombre, ni un santo, sólo se que me merezco algo mejor."

martes, 8 de septiembre de 2009

#0047:A second chance

Una vez que la enfermedad supera el umbral del dolor, no nos queda más remedio que buscar en el alma los recuerdos más dolorosos, de ese modo, podemos amainar el sufrimiento físico.
Sufría, tendido en la cama del hospital, sin más oficio que mirar a través de la ventana, donde se veían las montañas cubiertas por los millones de edificios que oprimen la ciudad.
Sólo mis ojos y mi mente funcionaban, no podía hacer más que mirar y pensar. Todos pensaban que no podía hacer ni siquiera eso. Los doctores creían que era mejor darle final a toda la situación, yo no volvería a comunicarme ni menos a caminar o mover mis demás articulaciones.
Por mi parte, pensaba que esa era la mejor solución, después de todo, no iba a haber mucha diferencia.
Para mis padres fue una decisión difícil, no había forma de convencerles, no fue sino hasta una noche en que mi estado de salud se complicó, que pudieron ver con claridad que mi muerte sería el único remedio ante tan tortuosa situación.
El médico se acerca sigiloso, llora. Mis padres se abrazan, las enfermeras sostienen sus tiaras, el sacerdote habla y habla con los ojos cerrados.
Ahora el médico está junto a mí y me susurra unas palabras, que al principio eran indescifrables, pero que poco a poco fui asimilando. Sostiene el interruptor del respirador artificial y lo gira con lentitud, tiembla y luego llora otra vez, termina su trabajo y la luz que entraba por la ventana se fue apagando poco a poco como en una televisión.
...
Seguía ahí, ya no respiraba, pero sentía mi presencia, escuché los pasos de alguien, debió de ser mi madre, por la lentitud y vacilación en sus pasos, cerró mis ojos.
Entonces vi una luz blanca que prácticamente me quemaba las pupilas, cuando volvieron los colores originales, estaba flotando sobre mi casa, bajaba lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
No era la fecha de mi muerte, lo pude advertir porque era primavera, ese aroma a flores del ambiente era inconfundible. Estaba de nuevo allí, el lugar donde cometí tantos errores.
La extraña luz me envolvió nuevamente y me transportó a mi escuela, todo allí era igual, nadie pensó jamás que unos meses después estaría en el hospital mirando hacia la ventana.
Podía hablar, caminar, correr y saltar, como en aquella época. Pero ahora tenía una ventaja, conocía casi a la perfección todo lo que ocurriría.
Aproveché al máximo mi tiempo, amé a todos a quienes ignoré o me resistí a querer, sentí todo lo que quise sentir. Busqué cada detalle, el viento, las canciones, las caminatas, la danza, las sonrisas, los besos y abrazos y todo aquello que hace viva a la vida.
Para el momento del accidente, me sentía pleno, no había nada que me faltara por hacer, ese día me despedí de todo el mundo, lloré bastante porque ellos no sabían nada de lo que ocurriría más tarde. Me pedían que no llorara, que no exagerara, mas mi dolor se hacía más agudo al escuchar los "hasta mañana".
Ya en la noche, me acerqué resignado a la calle, que me vió volar por los aires y rodar por los suelos. Pude darme cuenta de lo torpe que fui, o tal vez era mi destino. Allí venía el camión, y ya no hubo más que pensar, caminé mirando hacia el frente, para que no pareciera intencional.
El golpe fue rápido e indoloro, al recuperar la conciencia, estaba nuevamente en la cama del hospital.
Algunos meses después estaba en la misma situación, pero las palabras del doctor me confundieron aún más.
Ahora las manos de mi madre me cerraban los ojos nuevamente, ahora no hubo viaje, pero me sentía feliz, tranquilo.
"Ahora empieza un nuevo viaje".

jueves, 27 de agosto de 2009

#0046: Soberbia


SOBERBIA. (Del lat. superbia.)

1.-Elación del ánimo y deseo desordenado de ser preferido a otros.

Las costumbres humanas nos muestran desde el principio a un hombre que busca ser el mejor, pero no contento con realizar bien las cosas, desea ser el único capaz de hacerlo posible, jamás ser comparado ni menos igualado, se convierte en un afán vertiginoso de controlar el ámbito en el que le gusta desarrollarse.


2.-Satisfacción y envanecimiento en contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.
El hombre soberbio jamás podrá apreciar el trabajo de los demás, siente que a lo ajeno le falta algo, e incluso se cree capaz de hacerlo infinitas veces mejor. Pero en realidad, al momento del desafío, se enreda en excusas, puesto que sabe que es mediocre en lo que ostenta. La persona humilde, por el contrario, reconoce que es lo que puede y no puede, sabe con exactitud sus límites y hace esfuerzos por superar las áreas que no domina con tanta facilidad.


3.-Exceso en la magnificencia, suntuosidad o pompa, especialmente hablando de los edificios.

He aquí el "lado B", en cuanto a objetos se refiere, la soberbia es una capacidad artística propia, solamente, de los grandes talentos universales. La diferencia radica en que los objetos no pueden hablar, sólo muestran, su belleza es producto de la apreciación colectiva, no de la propia.


4.-Cólera o ira expresadas de manera descompuesta.

Lo mencionado anteriormente, respecto a seres humanos, provoca una actitud de falso dominio sobre las demás personas. Es por eso, que en los momentos de rabia de las personas soberbias, escalan a un nivel de prepotencia y arrogancia que les posiciona por sobre las demás personas, es decir, eso piensan ellos.

Ofenden a quien se les ponga por delante, porque creen tener la autoridad sobre la situación. Sus gestos tienden a ser despectivos e inclinados, es decir, hablan hacia abajo, como si las palabras se fuesen a volar como su ego.


-No te creas mejor que yo, te conozco, a tí y a tus debilidades, no me vas a engañar con tu silencio.
Su mirada parecía arder en llamas, su desesperación crecía cada segundo, más y más.
-¿Aún callas? Que cobarde eres, no respondes porque sabes que yo soy el único que tiene la razón, tú no eres más que la sombra de lo que yo hago.
El silencio es expandía por la habitación, todo callaba.
-Si no pronuncias nada me obligas a tomar decisiones aún más drásticas. ¡Habla!
Y sin embargo, no hubo otro sonido más que su voz. Precipitadamente, tomó una piedra que trancaba la puerta y rompió el espejo.


"No permitas jamás que la soberbia domine en tu corazón o en tus palabras; porque de ella tomó principio toda especie de perdición."

domingo, 26 de julio de 2009

#0045: Por si acaso


Caminando por la vereda que parecía sin fin, el cielo nublado, el lomo pesado y su ego tres metros bajo tierra, él trataba de olvidar todo lo ocurrido aquel día, no era que hubieran ocurrido tragedias o desencuentros, sino que se sentía cansado y quería alejarse de aquel ambiente que le oprimía. Cada paso era incierto, porque la calle, ya oscura, reflejaba las luces de los autos que por allí transitaban.

Como su camino es recto, es para él imposible determinar la cantidad de cuadras recorridas y menos aún, las restantes. Sobre todo si consideramos que no le gusta mirar hacia los lados, le produce una sensación de extravío.

Ya completó un tercio de su trayecto, ahora ya no está solo, la calle se repleta de gente extraña, de vendedores y asaltantes, asesinos y pacifistas y tantos otros seres sin importancia.

Importan menos que un muermo, después de todo sus gestos de desprecio se hacen latentes desde el primer segundo. No soportan a la gente diferente, es más, se burlan de sus gestos y de uno en particular.

Sin embargo, si tanto les incumbe, que poco consecuentes son, porque no se dan siquiera un minuto para descubrir la razón que impulsa tales movimientos.

Cada cierta cantidad de pasos, él volteaba su cabeza, mirando el camino recto recorrido, escuchando su música, es por eso que procura estar alerta a lo que ocurra tras de él.

No teme a asaltantes ni asesinos, ni vendedores, menos a pacifistas, tampoco a los seres sin importancia que le hacían burla. Ese camino es propio, nadie puede invadir con buen resultado algo que no le pertenece. En ese sentido, está seguro de lo que hace, no es temor.

Ninguna de esas personas fue capaz de razonar, de descubrir la simpleza y complejidad simultánea de aquel movimiento.

La única razón por la cual voltea, por la cual realiza aquel gesto que tanta risa provoca, es porque quiere saber si es que alguna persona tras de él se ha devuelto a pedirle una mano, si es que alguien lo necesita.

sábado, 25 de julio de 2009

#0044: Un día de lluvia

A medida que pasaban los años, veía en ella los signos del cansancio, todos los días debía salir a trabajar, igual que yo y ya no teníamos tiempo para nosotros. Antes de salir de la oficina, la llamé por teléfono y le dije que se arreglara, porque la llevaría a comer.
Fue una sensación bastante extraña, sentía nerviosismo como cuando éramos novios. También me arreglé para la situación, esperé a que fuera la hora indicada y salí a su encuentro.
Las nubes comenzaron a cubrir el cielo, era una clara señal de que pronto comenzaría a llover. El tráfico se hizo infinito y la hora ya se acercaba.
Le había dicho que esperara fuera de su trabajo para poder pasar a recogerla cuando saliera de allí. Cuando por fín pude salir de ese embotellamiento, llegué a la calle convenida. Saqué un paraguas que creí olvidado del portamaletas.
No pude evitar sentirme culpable, ya llevaba media hora de retraso, corrí bajo la lluvia a encontrarla, ella estaba sentada en las escaleras de la entrada del edificio donde trabajaba.
Allí estaba, cubriéndose el rostro, cuando me acerqué, pude notar que su rostro estaba manchado de maquillaje, todo fuera de lugar por efecto de la lluvia, también su cabello se había estropeado.
Me excusé por haberla hecho esperar bajo la lluvia, también le dije que nos fuéramos rápido o perderíamos las reservas en el restaurante.
Ella me dijo que así como estaba no podría salir a ninguna parte, menos a un lugar tan público. La lluvia no cesaba, así que hice que diéramos un giro brusco al panorama.
La llevé a pasear al parque, sin paraguas o algo que nos cubriera de la lluvia, nos mojamos, corrimos y jugamos, burlándonos del mal tiempo. Estuvimos allí toda la tarde, descubrimos que esas oportunidades no se dan todos los días y que valía la pena aprovecharlas.
La gente nos miraba, algunos reían, otros nos juzgaban con la mirada, pero no nos importaba, estábamos viviendo el momento de nuestras vidas. Tan pronto como nos sentimos satisfechos, subimos al auto, llegamos a nuestra casa y nos secamos el uno al otro, reíamos todavía por nuestra locura.
Era temprano aún, así que nos arreglamos y salimos a buscar un restaurante para cenar.

viernes, 24 de julio de 2009

#0043: Teoría del acuario


A lo largo de nuestras vidas experimentamos múltiples y diversos cambios, sin embargo, ante el universo de posibilidades existentes, por lo general decidimos adoptar lo que más nos conviene antes que lo que nos puede garantizar la felicidad con un poco de esfuerzo.

Vivimos en un acuario y cuales peces nadamos siempre en círculos, marcando territorios definidos, imponiéndonos rutinas y acostumbrándonos a cada rito nuevo que aparece.

El vidrio transparente que cubre nuestro entorno nos permite creer que podemos llegar más allá, que podemos salir y renegar de nuestras raíces y de todo lo que hacemos día a día, pero es imposible, ninguno de nosotros tiene suficiente fuerza en las aletas para poder salir, además, romper el acuario significa arriesgar nuestra propia vida y la de los demás peces dentro de ella.

No podemos vivir del aire, moriríamos si respiráramos aire puro, no podemos aspirar a llegar más allá de nuestro reflejo.

Estamos libres dentro de una cárcel de algas y coral, nuestra existencia está resumida a deambular sin destino por todo el inmenso espacio que hay, si se considera nuestro pequeño tamaño. Más grandes o más pequeños, peceras o acuarios, todos comparten algo en común, otorgan seguridad a quien desea estar allí por su propia voluntad e instinto.


Cuando él podía nadar libre, era un mal pez. No compartía, no era respetuoso y quebrantaba la paz y la quietud en el pequeño espacio que compartía con sus hermanos. Un día, decidió escapar y huír lejos, pasando fronteras naturales y también artificiales, para cruzar todo el ancho océano tuvo mucho valor, que por el contrario no tuvo para poder dialogar y comunicar sus inquietudes.

Toda su travesía estuvo rodeada de malos momentos, instantes de miedo, tristeza y soledad, mas era su propia decisión la que lo condujo al escape.

La oscuridad le aterraba, por lo tanto, en el primer segundo que pudo observar una luz, la siguió y no supo más de sí.

Cuando despertó, se encontraba en una pecera, solo, sin nadie que lo acompañara. Al principio, creía que era un nuevo océano, rodeado de nuevos peces, infinito como el anterior. Mas su desilusión fue muy grande al darse cuenta de que no habían más peces allí y meses después al reconocer fronteras definidas como lo eran los cristales.

Descubrió también que sus intentos por escapar serían vanos, que su peso le impedía flotar y que su fuerza era insuficiente para derribar las paredes de su prisión. Entendió entonces cual era su destino, dar vueltas y vueltas en un círuclo vicioso de nunca acabar.

Quería regresar, pero no había remedio...


Muchas veces buscamos nuevos horizontes y nos deprimimos al descubrir que existen barreras que nos impiden desarrollarnos. Es más sano reconocer que esas fronteras, por lo general son impuestas por nosotros mismos y que ante lo que uno crea, sólo uno puede vencerlo.

De nada servirán las quejas si nosotros quisimos escapar de la libertad del océano al encierro de un acuario.

viernes, 10 de julio de 2009

#0042: Parábola del Tártaro

Fue casi un parpadeo, menos que eso. Al recuperar la conciencia, pude observar un millar de personas delante de mí, otros cientos detrás. La fila recorría todo el lugar, desde la pizca de luz que se veía en la entrada hasta el fondo sin fin de los lúgubres pasillos del lugar.
La confusión se apoderó de mi cabeza, no recordaba nada, ni siquiera el trance desde el suelo fértil hasta ese horrible lugar, por lo que podía observar, era imposible abrirse paso entre la multitud y escapar, el fuego nos rodeaba.
Avanzábamos muy rápido, sin embargo no podía evitar detenerme por miedo a lo que nos esperaba al final del camino. Incertidumbre total, escuchaba alaridos a la distancia, la salvación era impensable, todos quienes estábamos allí debíamos llegar hasta el final inevitablemente.
El grupo estaba compuesto de asesinos, violadores, ladrones, sicópatas y tantos otros. Algunos, como yo, alegábamos inocencia, pero eran gritos mudos que rebotaban sin hacer eco en las oscuras paredes de ese subterráneo.
Ante mí había un gran estrado, pero no podía distinguir quien lo ocupaba, todo estaba oscuro y había mucho humo también. La voz que oía era un sonido estrepitoso, agudo y casi imperceptible, por poco me ensordece.
Las palabras de ese ser no me hacían sentido, narraba hechos indescriptibles, acusándome de cometerlos. Por algún extraño motivo me quedé en silencio, tal vez era la culpa, no recordaba nada, todos mis pensamientos eran nebulosas.
Habiendo malgastado mi tiempo de defensa, ese misterioso ser estaba listo para dictaminar.
En pocas palabras, me dieron a entender que por mis actos en vida debía pagar con trabajo y sufrimiento. Era el objetivo de ese lugar, un sitio de tortura, donde todos tendríamos que ser infelices para sentirnos un poco más tranquilos, sin embargo no habrá consuelo que sirva, seríamos esclavos por siempre.
Pude sacar la voz y decir que lo haría todo bien, que estaba arrepentido y que no volvería a cometer el mismo error.
Tan pronto como lo pronuncié pude parpadear y reaparecer en el mismo lugar que antes, lejos de ese laberinto oscuro, en mi tierra con mi gente. Mas yo supongo que esa no será ni la primera ni la última visita que haga a ese lugar.

domingo, 28 de junio de 2009

#0041: Temor y nostalgia


El miedo que sentía mientras entraba a la casa era tal, que mis pasos se veían temblorosos y torpes, la muchacha me hacía caminar tras de ella, parecía tener prisa, pues me jalaba con fuerza. Recorrimos varios pasillos y subimos por la escalera. Ya arriba, debimos recorrer un último pasillo, el más largo, ella me pidió que no hiciéramos mucho ruido, pero esa petición hacía que mi adrenalina creciera de tal manera que mi pulso cardiaco retumbaba en toda la casa.

La casa, aunque se veía deteriorada, parecía muy bien decorada, en este último pasillo, las paredes estaban tapizadas de fotografías familiares, dentro de las cuales yo aparecía frecuentemente. Ver esas fotos anudó mi garganta a tal punto que le pedí a la muchacha que se detuviera, cuando estábamos a pasos de llegar a la habitación de Dinora.

Ella notó que mis ojos se humedecieron, tomó mi mano y me dijo que la abrazara. En su regazo cálido encontré la cuota de consuelo que estaba buscando, pero no era suficiente. Había dado un paso muy importante, decidí pedir perdón, sin embargo los hechos retornaban a mi mente como flagelos tortuosos.

Luego de un momento, ella me tomó de la mano y me llevó a la habitación al final del corredor.

La puerta estaba entreabierta, la muchacha la empujó y ambos ingresamos a la habitación, yo presentía que la escena me produciría pena y sentía miedo de levantar la cabeza.

Lo hice y pude contemplar durmiendo, tendida en la cama, a Dinora, me sorprendí mucho al ver su rostro, parecía como si hubiesen transcurrido décadas desde que nos vimos en el centro comercial. Lloré mucho, sentía que había llegado en el momento preciso, probablemente no la volvería a ver. Debía decirle lo mucho que sentía todo lo ocurrido, recuperar el tiempo, aunque durase segundos.

Francisca, la muchacha, me contó lo difícil que habían sido los últimos meses, el cáncer ya había invadido múltiples órganos de su cuerpo, lo cual explica su rápido deterioro.

Dinora se movió, estaba despertando. Me senté en la cama, esperé a que ella abriera los ojos, luego le pedí a Francisca que nos dejara solos, era la hora de conversar con ella.

Sus ojos no parecían sorprendidos al momento del primer contacto visual, mas bien parecían complacidos de verme. Con mucho esfuerzo, me dijo:

-Esperaba a que vinieras.

-Espero que no sea demasiado tarde - dije entre sollozos.

-No, nunca es tarde.

Ella sabía que para mí no era fácil dar el primer paso, sin embargo permanecía en silencio al igual que yo. Me costaba empezar, era una jugada difícil, los minutos pasaban y ella no me quitaba la vista de encima. Yo trataba de elaborar frases improvisadas, pero sólo conseguía enredarme y tropezar en los mismos temas recurrentes en conversaciones sin sentido.

De pronto llegó a mí una valentía inesperada para poder comenzar a hablar, tomé su mano y la mire fijamente, pero ella quiso hablar también. Trató de ayudarme y trajo a mi memoria recuerdos que creía haber perdido, no pude evitar sentir nostalgia al volver al pasado por unos minutos.


lunes, 22 de junio de 2009

#0040: Esos años que no volverán...


A menudo mi abuelo solía decir aquella frase, aún recuerdo su voz en estos fríos días de invierno. Es verdad, no vale la pena que sigamos creyendo que los años dorados, esas décadas de bonanza y bienestar van a volver.

Yo no lo viví, pero espero representar bien el pensamiento de muchos...

No hay como esos días, en que la familia era lo importante, quien se casaba, estaba enamorado y se comprometía... Juraba amor eterno, estar en las buenas y en las malas, ser quien sostenga a los integrantes del círculo, ser amor y dar amor a quienes dio vida. Esos eran tiempos. Hoy, el concepto de familia se desvirtuó, para muchos, la familia es dormir con alguien o hacerse cargo de un hijo, eso no es familia, es culpa, irresponsabilidad.

En esos días, no había temor a que nos robaran, había confianza en las demás personas. En la actualidad vivimos entre ladrones, trabajamos para ellos y les pagamos a los timadores.

No hay derecho... En esos días, el dinero era necesario, pero no era lo único. Hoy vivimos en torno al metal y a sus derivados, luchamos en guerras por controlar monopolios que no nos otorgan ni una pizca de felicidad.

Aquellos días, cuando existían los sueños y nadie luchaba contra nadie, representábamos nuestras propias esperanzas, veíamos el futuro como algo lejano, disfrutábamos cada momento, éramos felices... Vivíamos, hoy sólo respiramos.

En esos días, le otorgábamos la importancia suficiente a una flor, a una sonrisa, a un "te quiero". En el presente, nos avergonzamos de esos gestos tan hermosos y que tantas satisfacciones nos podrían traer.

En aquel entonces existían las tradiciones y eran sagradas, cada familia se identificaba con sus propios ritos. Hoy toda nuestra existencia está ensuciada con blasfemias e idioteces.

Esos días de sana competencia, donde el deporte era deporte. No importaba ganar ni perder, sino dar lo mejor de sí, intentarlo con fuerza. Hoy, el afán de éxito no mide consecuencias, no se fija en nombres ni almas.

Esos años de boleros y tangos, de tardes de té y de tantas anécdotas, del campo, del trabajo, del esfuerzo, de lo merecido, de tantos recuerdos, de tantas historias, de dulce y agraz, de luto y dolor, de tragedia y risas, de vivir la vida.

Qué días aquellos... Ahora con mi copa en la mano, propongo un brindis. Brindo, queridos hermanos, por esos años que no volverán.

#0039: Yin-Yang


Es difícil ser un grupo de tres personas... Sin embargo he de aprovechar esta oportunidad para excluirme del grupo y honrar a dos grandes personas que han estado conmigo en momentos muy importantes de mi vida.

Es imposible abarcarlos por separado, sería injusto, porque ambos juntos son perfección, no existen para mí individualmente.

Por un lado tenemos al Yin, es un ser muy especial, lo conozco desde hace mucho tiempo y somos prácticamente hermanos, muchos de los mejores momentos los he compartido con él, y aunque tenemos diferencias, entre nosotros siempre nos perdonamos. Probablemente, su personalidad no sea de las mejores, es muy tímido, pero si no fuera de ese modo, probablemente no lo querría tanto como ahora. Es sensible, casi tanto como yo, talentoso a diferencia de lo que muchos piensan y muy inteligente, basta preguntárselo a él para poder hacerse una idea del concepto.

Por otra parte, tenemos al Yang, fiero, apasionado y directo. Gracioso, pero muy cambiante, es necesario quererlo para entenderlo, no me imagino los días sin él, me hace reír y ese es su mayor talento, lamento no haber aprovechado su inmensa capacidad espiritual para refugiarme, pero yo soy así.

Ahora bien, la mitología nos puede contar un poco más de esta relación tan particular, según el Feng Shui; sigamos los siguientes principios:


1.-El yin y el yang son opuestos. Todo tiene su opuesto, aunque éste no es absoluto sino relativo, ya que nada es completamente yin ni completamente yang. Por ejemplo, el invierno se opone al verano, aunque un día de verano puede hacer frío y viceversa. - Son distintos, y eso lo hace todo más ágil y dinámico, los días se pasan volando y me divierto cuando chocan por sus diferencias, sin embargo tienen puntos comunes de interesante análisis.

2.-El yin y el yang son interdependientes. No pueden existir el uno sin el otro. Por ejemplo, el día no puede existir sin la noche. - No sé si entre ellos ocurrirá lo mismo, pero tal como decía antes, por sí solos cojean, mientras que juntos son una combinación explosiva, capaz de todo.

3.-El yin y el yang pueden subdividirse a su vez en yin y yang. Todo aspecto yin o yang puede subdividirse a su vez en yin y yang indefinidamente. Por ejemplo, un objeto puede estar caliente o frío, pero a su vez lo caliente puede estar ardiente o templado y lo frío, fresco o helado.
- Son demasiado complejos, hasta tuve que recurrir a la mitología para poder definirlos con mayor claridad, son seres humanos y están divididos en millones de aspectos, y estos en gamas y matices, en conclusión son una variedad de amigos a prueba de todo.


4.-El yin y el yang se consumen y generan mutuamente. El yin y el yang forman un equilibrio dinámico: cuando uno aumenta, el otro disminuye. El desequilibrio no es sino algo circunstancial, ya que cuando uno crece en exceso fuerza al otro a concentrarse, lo que a la larga provoca una nueva transformación. Por ejemplo, el exceso de vapor en las nubes (yin) provoca la lluvia (yang). - Complicados, cuando chocan, pareciera que todo ese equilibrio se nos escapa de las manos, sin embargo, no entiendo cómo lo hacen, pero se mantienen estables, lo que me garantiza un buen paso a mí también. Sus diferencias los hacen perfectos ante mi punto de vista. Todas mis necesidades están cubiertas.

5.-El yin y el yang pueden transformarse en sus opuestos. La noche se transforma en día, lo cálido en frío, la vida en muerte. Sin embargo, esta transformación es relativa también. Por ejemplo, la noche se transforma en día, pero a su vez coexisten en lados opuestos de la tierra. - Muchas veces nos ha ocurrido que los roles se invierten, el Yin tiene su momento de personalidad, o el Yang se vuelve tímido, que sé yo. No dejan de sorprenderme, son una experiencia inolvidable.

6.-En el yin hay yang y en el yang hay yin. Siempre hay un resto de cada uno de ellos en el otro, lo que conlleva que el absoluto se transforme en su contrario. Por ejemplo, una semilla enterrada soporta el invierno y renace en primavera. - Por supuesto, tienen partes afines, no podía ser de otra manera, aunque es muy raro cuando están de acuerdo, es porque tienen la madurez suficiente para dejar de lado sus diferencias y ponerse a trabajar en equipo con un objetivo común.


Para concluir me gustaría decir que esta dedicatoria la envío con todo el cariño del mundo, lamentando los malos momentos y esperando, por supuesto, que vuelvan los buenos, porque nos hace falta.

#0038: El poder


En la cúspide de toda sociedad, se encuentran quienes ejercen el poder. Muchos de ellos, gracias a la democracia, han sido escogidos por el propio pueblo, para que les representen. No obstante, existen muchos de ellos que buscan el poder para manipular y dominar como en un juego de ajedrez.

Para muchos esto no significa un inconveniente, sin embargo hay quienes creemos en el verdadero poder, el que no pretende ostentar.

Es lógico que repudiemos esta suerte de tiranía que no veíamos desde hace tantos años.

No podemos interpretar este concepto a la ligera, es necesario que tomemos en cuenta algunos factores que influyen en su desarrollo.

El afán de poder, surge desde una carencia, una necesidad afectiva, muchas veces producida por una pérdida.

Este fenómeno sicológico se explica de la siguiente manera; como seres humanos, muchas veces nos consideramos mejores que los demás. Nos atribuimos roles que no son propios de nuestra naturaleza, y ese pensamiento nos hace sentir perfectos, intocables.

Mas, el destino es es sabio, sabe hacer las cosas, nos arrebata lo que más amamos, entonces surge la inquietud. "Si soy fuerte y bueno en lo que hago, si me considero intocable y perfecto, ¿Por qué no puedo evitar esto que está pasando? ¿Hasta dónde llega mi poder? ¿Es realmente poder?"

Desde ese minuto, el rencor se apodera de nuestras vidas. Entonces recurrimos al poder para pisotear a los demás, para hacerles sentir ese amargo sabor en la boca, el dolor.

Como vemos nuestros sueños derrumbados, buscamos que los demás pierdan los suyos también, en ese sentido y tomándolo del modo más frío, estamos haciendo un bien a largo plazo.

Pero ese deber no nos corresponde, ¿Quiénes somos nosotros para determinar los sufrimientos y desilusiones de los demás? No somos nada. En el viento nos perderemos cuales granos de arena en la ráfaga. En el aire moriremos cual suspiro en la alborada.

Cuántos siglos nos ha costado entenderlo.


"Vivo, mato, ejerzo el poder delirante del destructor, comparado con el cuál del creador parece una parodia." (*)


Calígula es un ejemplo claro de este punto de vista, es deber del pueblo aceptar su decisión, no puede ser de otra manera, no ha sido escogido, no hay elección en ello. Calígula aprovecha la situación, para ejercer su poder delirante y asume que es destructor. Es irónico, pero no tonto, conoce a la perfección los riesgos que corre. Calígula comprendió que el amor no trasciende en el tiempo, menos después de la muerte. La única manera de trascender es hacer sufrir y que le recuerden por su barbarie. Marcado por el capricho, el poderoso que desea la luna, no la pudo conseguir, pero es alguien fuera de este mundo, es inmortal. Inmortal mientras viva en el recuerdo madurado en lágrimas de quienes hizo sufrir y abrir los ojos.

Hemos avanzado desde Roma, encontrando falsas soluciones y luces de esperanza, pero el poder siempre ha girado en torno a los mismos individuos, caprichosos como ningunos, tales como el mismo Calígula.

Siglos y siglos de constante cambio y sin embargo no hay evolución.


(*) Calígula, Albert Camus

#0037: La loca


Ella pasea por las calles, no vaga, hace lo que cualquier otro mortal hace. Hace las compras, da vueltas por el parque y otros tantos lugares gratos para ella. Sin embargo, luego de la muerte de su hijo su vida cambió para siempre...

Hubo un tiempo en que no salía, ni dormía, casi no comía, pero la pena era el mayor motivo para estar viva y cuidarse. Prometió honrar la memoria de su hijo hasta que la muerte decidiera acogerla en su lecho de cenizas.

Luego de cumplir su luto, decidió salir por primera vez en mucho tiempo. Pero más importante que eso, ella se propuso cambiar su vida y tratar de hacer más amena la de los demás.

La ví pasar el otro día, la gente se alejaba de ella, me causaba mucha pena verla acercándose a las personas sin recibir respuestas amables. Se acercaba cada vez más por la acera donde yo transitaba. Yo no sentía miedo, mas bién inquietud por saber que es lo que tanto asusta a la gente.

Llegó el momento y ella se detuvo a mi lado.


-Buenas, joven. Que Dios lo bendiga - esas fueron sus palabras.


Me sentí tremendamente feliz y pleno de vida. Así que contesté:


-Gracias, es usted muy amable, que Dios la bendiga también.


Le otorgué mi mano y vi en sus ojos un pequeño brillo, sonrió y continuó su camino por la acera de enfrente.

Me fui a mi casa pensando en las muchas oportunidades en que nos sentimos dueños de la verdad, o cuando actuamos por necesidad. Perdemos nuestra espontaneidad, nos convertimos en un número más en la larga acera de la vida, nos olvidamos de las necesidades de los demás y éste era un claro ejemplo. Muchos se rehusaron a dirigirle la mirada, por temor a ser atacados por esta mujer. Y... ¿Qué hay de malo en un saludo?

Lo único que necesitaba esa pobre mujer era ser escuchada, sentir que estaba mejorando la vida de alguien, por muy pequeño que fuera el gesto.

Es que hoy en el mundo todos deberíamos estar locos, la locura es parte de nuestro ser, pero sentimos miedo de explotarla. Yo creo que deberíamos pensar un poco más antes de catalogar de "loco" a alguna persona. Más en este caso, ella fue considerada loca, mas fue la única con la suficiente cordura para comprender el mecanismo de la sociedad y voltearle la mano. La única con la suficiente valentía como para romper el hielo sin conocerme.

domingo, 21 de junio de 2009

#0036: Ira


IRA (del latín ira)

1.-Pasión que mueve a indignación y enojo.
¿Pasión? Sí, pasión. Es esa llama interna que prendemos poco a poco, se alimenta de nuestra rabia, del rencor y el resentimiento. Nos hace alucinar, sacar conclusiones apresuradas, actuar sin sentido ni criterio y tantas otras cosas. Cuales toros, arremetemos con todo ante quien se nos aparezca en frente, intervenga o no en nuestros planes. Produce ceguera, nos es imposible ver la realidad cuando estamos bajo la influencia de la ira.

2.-Deseo de injusta venganza.
Cuando nos encontramos en un trance iracundo, muchas veces creemos ver enemigos donde no los hay. Antes mencionaba que es prácticamente imposible extinguir la llama de la ira, mas nuestro cuerpo siente la necesidad de descargar la fuerza de la furia en un ser, que consideramos inferior. Mas allá de si la agresión es física, verbal o psicológica, es importante mencionar que nos manejamos siguiendo nuestros instintos, no existe racionalidad en ello.
3.-Deseo de venganza conforme a orden de justicia.
La utilización de la palabra "justicia", corresponde en este caso a una visión subjetiva de la realidad, es decir, nuestra realidad. Lo que nosotros consideramos justos y que muchas veces no corresponde a las necesidades de los demás ni al bien común. El individuo que siente la ira, no piensa en los demás, en construir vínculos, por el contrario, siente deseos enfermizos por destruir.
4.-Repetición de actos de saña o venganza.
Saña... Qué fácil es, cuando sentimos rencor, aprovecharnos de la situación y descargar la ira de forma reiterada en una sola persona. Es simplemente una señal de cobardía, nos sentimos indefensos, pero reflejamos ese temor en los demás, aduciendo siempre al pasado, de este modo, cubrimos nuestras faltas, atribuyéndolas innecesariamente a quienes queremos lastimar.

Él no solía actuar tan violentamente, pero la rabia pudo más, tomó un cuchillo y sin dudar, en tan solo un par de minutos, otorgó más de 10 puñaladas en puntos vitales de su cuerpo de mujer. No existían motivos aparentes, sin embargo él tenía una razón poderosa, ella le había colmado la paciencia.

"Sepan esto, mis amados hermanos. Todo hombre tiene que ser presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar, lento en cuanto a ira; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo tanto, desechen toda suciedad, y esa cosa superflua, la maldad, y acepten con apacibilidad la implantación de la palabra que puede salvar sus almas."
(Sntg 1: 19-21) (Traducción del Nuevo Mundo).

¡Calla, lobo maldito! consúmete interiormente por tu propia rabia. El Inferno, Canto 7, línea 8,9

#0035: Funerarias Guzmán


La muerte no ha significado jamás tristeza para ellos. Al contrario, les causa felicidad trabajar con el dolor de los demás y no es que sean morbosos, es que aman su trabajo como cualquier otra persona. Aunque sean colegas de la muerte.

La familia Guzmán, desde hace 3 generaciones, se dedica al negocio funerario.

La primera de ellas, comenzó con muy pocos recursos, contaban únicamente con la mano de obra de algunos familiares y un par de carrozas improvisadas. Descubrieron que era un negocio redondo, pues en una ciudad tan grande y con tan pocos servicios similares, era inevitable llenarse de deudos que solicitaran del trabajo de los Guzmán.

La segunda generación, supo invertir lo que ganó la primera, y para honrar la muerte del abuelo realizaron una gran fiesta, todos los gastos funerarios fueron cubiertos por ellos, como era de suponerse. El jefe de la familia tuvo la suya propia y continuó con el negocio, como una tradición.

La tercera y actual, está dirigida por una mujer, nada ha cambiado, ella sabe que es una responsabilidad muy grande y que tiene que hacerlo bien, para no mostrarse débil en comparación a los hombres de la familia.

Es tiempo de crisis, muchas veces le han propuesto cerrar la funeraria, pero es en esos momentos cuando más recuerda a su padre y a su abuelo, a esa tradición hermosa que construyeron con esfuerzo y sacrificio.

Es su sueño, continuar con el negocio, heredarlo de generación en generación. He ahí lo importante, los sueños de su vida están representados en esa funeraria, no importa el rubro, es la constancia y la fortaleza lo que hacen que cada día pueda administrar mejor la oficina.

Ahora toda la familia participa, desde carpinteros hasta choferes, toda clase de oficios, conjugados en un solo trabajo.

Lo reitero, para ellos es completamente normal, han convivido con el dolor ajeno y lo seguirán haciendo, porque no hacerlo sería su dolor también.

sábado, 20 de junio de 2009

#0034: Admiradora secreta


Me imaginaba que el amor era simplemente aire, energía, una invención. Un tema cliché del cual hablar para poder llegar de mejor manera a la mente de quienes me prestan atención.

Sin embargo, hace un tiempo me he dado cuenta de que el amor es más que eso. Es más que un tema, que un ámbito. No se puede abarcar desde un sólo punto, sino que hay que tomar en cuenta millones de criterios para poder tan sólo comenzar a hablar de él.

La vida nos sorprende en ocasiones, y yo no fui la excepción, me llegó el amor y estaba tan cerca que podía respirarlo sin darme cuenta.

Todo comenzó cuando recibí un regalo en la puerta de mi casa, era un corazón de peluche, muy grande. Más que sentirme sorprendido, fue una sensación muy grata, no quise hacerme preguntas, sólo disfruté el momento.

Junto al corazón, había una tarjeta, como en las películas: "Te ama, tu admiradora secreta".

Eso si me impactó, yo pensaba que era un regalo de cumpleaños atrasado, o cosas por el estilo, pero me resigné a la idea de que alguien me amaba, fuera quien fuera.

Los días pasaron y seguía recibiendo regalos, la situación cambiaba, no era que no me gustara, pero me sentía mal por no saber quien era ella.

Suponía cosas, pero eran solo eso, supuestos. Habían muchas candidatas, estaba asustado, unas me gustaban más, otras menos, pero me urgía saber quien era.

Un día, mientras pensaba, vino a mi mente la más sospechosa de todas. ¿Cómo no lo había pensado antes? Era muy obvio, ella siempre me miraba de una manera extraña, pero jamás había pensado siquiera en ser su amigo.

Aunque, el mayor descubrimiento vino después, ella me gustaba también. Quizás es que me faltaba compañía... Sea como sea, había tomado una decisión, no quería esperar más.

Al otro día, fui donde estaba ella, me acerqué, la miré, la tomé por la cintura y le dije:

-Yo también...

Estaba muy nervioso, pero yo soy así, saco fuerzas desde el temor y ataco, sin importar las consecuencias.

Ella entendió el mensaje, nos miramos durante mucho tiempo. La gente que había alrededor nos miraba y murmuraba. Pero para mí eso era una estupidez, en ese momento sólo estaban sus ojos y los míos.

Y en una ráfaga de pétalos y estrellas, posé mis labios sobre los suyos y nos besamos apasionadamente, como si lo hubieramos planeado. Ambos gustamos de ese beso, que hasta el día de hoy me trae recuerdos muy gratos y emotivos.

Ahora sé que el amor es eso. Todo y nada.

miércoles, 17 de junio de 2009

#0033: Teoría del amanecer


Era el momento de despertar y... ¿Quién era? No existen respuestas a esa hora, es el momento donde todo carece de sentido para él, para todos.

Al amanecer, no hay recuerdos ni resentimientos, rencores ni intrigas, menos culpabilidad. Sólo hay letargo y esperanzas mudas en la conciencia, el amanecer es el comienzo, es el momento en que se pueden fusionar cosas demasiado incompatibles, tanto que no se puede creer.

El amanecer presenta nuevas oportunidades para todos, nos permite comenzar desde cero para poder realizar de buena manera nuestras vidas.

Quiero referirme en especial a ese momento, que dura un par de segundos, donde confundimos sueño y realidad. Creemos que la fantasía puede ser real, y muchas veces nos preguntamos si en realidad fue un sueño. Es ese minuto el especial, cuando no recordamos que tenemos memoria, cuando estamos en blanco, manteniendo intacta nuestra voluntad.

Ese fenómeno místico es realmente inexplicable, tal como la escencia humana misma. A pesar de todo lo anterior, una parte de nosotros necesita enfermamente el amanecer, porque nos aleja dos segundos de la vida real, de los problemas y preocupaciones, y todo aquello. Es nacer de nuevo, cada día. Nacer sin pecados, nacer sin temores ni rencores. Mas esa sensación se puede disfrutar sólo esos dos segundos, nada más. Luego de eso, todo vuelve a ser normal. El ave fénix retoma su vuelo, para morir de nuevo en la noche y resucitar de sus cenizas otorgando luz a través de la cordillera.

Ella despertó y en tan sólo dos segundos, pensó y planificó todo lo que sería su día. Los sueños, podría salir a correr, a bailar, a disfrutar de la vida, anhelaba esa sensación, como todos nosotros. Esa libertad que el amanecer le tendía desde la ventana a través de los múltiples rayos de sol que rozaban su rostro.

Iría a buscar a su novio, saldrían, conocerían nuevos lugares y visitarían tantos otros que les eran especiales. Había soñado con él, por lo que le era fácil manejar pensamientos acordes a su sueño, es más, ella no sabía que parte de todo eso era un sueño y cual era real.

Abrió completamente los ojos. luego de ese par de segundos. La desilusión era inminente...

Era otro día como cualquier otro, no había nada en el mundo que le ofreciera libertad, y tampoco tenía novio... Había despertado del sueño.

No importa, a todos nos pasa lo mismo, pero hay que estar atentos. Vendrá el día en que todo sea real, en que nuestros sueños naveguen en el mismo torrente que nuestra realidad, ese día, ella se levantará del lecho a vivir.

#0032: Parábola del candado


Cuando bajó de su trono celestial me vio solo y triste, debe ser por eso que levantó mi cabeza, me acarició y me mostró el camino hacia la verdadera felicidad, una gran puerta al fondo del jardín.

Me dijo que la paciencia sería la clave.

Sin duda me sorprendió su obsequio, tan simbólico y lleno de misterio, amaba ese regalo, la felicidad a tan sólo unos pasos, parecía muy fácil.

Corrí raudo hacia la puerta, para mi sorpresa, al estar ante ella reparé en que estaba bloqueada por un pequeño candado cerrado. Me desilusioné de Él... ¿Qué clase de regalo es ese?

Pero recordé sus palabras acerca de la paciencia, me calmé y comencé a esperar, después de todo, si pude postergar mi felicidad por tantos años, no encontré la diferencia en esperar un poco más.

Mi vida entera tuvo por propósito encontrar la felicidad y ahora aún espero alcanzarla, pues el candado sigue cerrado. A veces pienso que la llave la tengo guardada en algún lugar y que mi ceguera me impide ver la realidad, sea cual sea el caso, aún espero.

Y ahí está la felicidad, espero día tras día y sólo el hecho de saber que tras esa puerta está lo que siempre he soñado, me hace despertar cada día con una amplia sonrisa de satisfacción.

Tengo paciencia y fe, mas no se como ocurrirá todo... Porque se que va a ocurrir, Él no miente ni hace promesas en vano, su palabra es divina, y con eso me basta para confiar en lo que Él depare para mi vida.

Es un candado muy frío, yo creo que no le basta con el calor de los rayos del sol, si tan sólo pudiera hablar.
Puede que un día llegue y el candado esté abierto por arte de magia y pueda revelar los secretos que se hallan ocultos tras la puerta.

O puede que el tiempo haga que el hierro se corroa y el candado caiga por su propio peso, rindiendo su guardia ante mi paciencia.
Ese es mi mayor anhelo. No se trata de abrir la puerta, sino de vencer al candado para lograrlo. En este minuto, esa cerradura actúa como coraza de mi propia felicidad...

Dios nos da las oportunidades suficientes y justas para que podamos desarrollarnos, nos otorga los candados, pero no nos da las llaves. Somos lo suficientemente fuertes como para determinar cual es nuestro camino a la felicidad. Cualquiera que este sea, nos será difícil llegar a su fin, pero vale la pena intentarlo y equivocarse sobre la marcha.

Por lo pronto, despertaré cada dia con la misma sonrisa y me dirigiré a revisar si el candado sigue ahí, cerrado como ayer. No vale la pena que ocupe la fuerza, seguiré el consejo y tendré paciencia, mañana será otro dia.

martes, 16 de junio de 2009

#0031: El primer encuentro


Ya sabiendo su dirección me encaminé tan pronto como pude, después de todo, no había tiempo que perder. Ya no importaba que haría estando allí, lo que en realidad era importante, eran mis ganas de verla y poder conversar directamente con ella, cosa que no había hecho, ya que la conversación de dos minutos en el centro comercial no servía como diálogo efectivo.
A medida que me acercaba a la calle de destino, palpitaba más rápido mi corazón, no cabía de emoción e incertidumbre. Cada segundo que avanzaba me acercaba más a la verdad y, por qué no, al perdón.
Reconocí la calle y comencé a buscar el número de la residencia, que había anotado en un papel donde ya casi no reconocía la letra, pues lo mantenía presionado con mis manos, sudorosas por la angustia y las ansias.
Llegué a la casa, debo admitir que estuve media hora afuera, tratando de tranquilizarme y de ensayar que le diría a mi tía cuando pudiera hablar con ella. Fue un momento de reflexión y quietud, no me sentía preparado aún cuando escuché un ruido desde dentro de la casa.
Una muchacha, joven y muy atractiva salía de la casa. No alcancé a esconderme, así que ella se acercó y me preguntó:

-¿Deseas algo?
-Este... ¿Tu vives aquí? - pude pronunciar, no sin poco esfuerzo.
-No, yo cuido a la señora que aquí vive, soy la hija de la vecina. - aclaró.

Quedé estupefacto, era la misma niña que había hablado conmigo por el teléfono. Me aterrorizaba aún más el hecho de haber pensado que esa joven tenía 6 años o algo así.Estúpidamente, me sentí en confianza y le dije:

-Yo hablé contigo por teléfono hace un rato. ¿Recuerdas?
-Ah, eras tú. Por algún extraño motivo, sentí tu voz más ronca que ahora. - dijo, dejándome en claro que ella no era la única que daba la sorpresa.
-¿Ah, si? No importa. ¿Está la señora? - pregunté.
-Sí, pero no puedes pasar a verla. Luego de que llamaste, la señora se enojó un poco, y la entiendo, le cortaste el teléfono. Se sintió mal y se recostó a descansar. - me dijo con cara de rencor falso.
-Oh...Lo siento, ella debe sentirse muy mal, porque está la mayoría del tiempo en cama.

Hubo un silencio aterrador, en un par de minutos, ninguno de los dos pronunció palabra alguna, hasta cuando ella hizo un ademán extraño, que no entendí.
En ese momento, ella comenzó a llorar desconsoladamente y entre sollozos me dijo:

-Ella no está bien, va a morir. No sabemos cuando, pero no queda mucho tiempo.

Por algún motivo, yo me acerqué y ella también. Se apoyó en mi hombro y lloró un buen rato, vi sus ojos, hermosos cuales lagunas de agua cristalina y su cabello dorado me cautivó, sin embargo no podía fijarme en su inmensa belleza en ese momento. Por lo cual, la aparté de mí un instante, aún lloraba. No sabía que hacer, luego de meter mi mano en el bolsillo de mi pantalón, encontré el pañuelo que me había dado la ancianita. Se lo entregué y dejé que lo conservara.

-Aún no me dices quien eres y que haces aquí.

Le dije mi nombre y ella se sonrojó, me fijé en que se sorprendió, fue una sensación rara para mí, cambió su tono de voz y me dijo:

-En ese caso... Ven, pasa adelante.

#0030: Desahogo


No lo entendío entonces y no lo entiende ahora. Toda esa rutina, la costumbre y el cansancio terminaron por destruir su paciencia y acabar consigo. Cuanto más se acercaba a los logros, más lejos estaba realmente, estaba cegado por el afán de éxito... Que confuso es todo esto.

Abrió los ojos, aún estaba allí, en la misma posición, pero se sentía diferente, era otra persona. No era para menos, acababa de quebrar sus esquemas, salió de la vida mecanizada y volvió por unos minutos a la verdadera vida. A esa vida plena de sentimientos, de errores y aciertos, pero muchos más errores. Olvidó cuan feliz era equivocándose, que con todos esos errores, aún existían para él una inmensidad de oportunidades.

Mas luego de unos segundos, sintió necesidad de volver a la máquina, dejó el campo entonces, debe ser que su nuevo ser no estaba adaptado para recibir el amparo en tal cantidad, se volvió un autómata más, capaz de resistirse a la nobleza más grande, la de la tierra. Ese pequeño desahogo era necesario, lo hacía cada día y juraba en vano que no volvería a hacerlo. Mas sus múltiples cansancios y quebrantos lo manejaban en una suerte de "piloto automático" a aquel lugar donde podía llorar y regar el suelo que luego albergaría sus rodillas cansadas una y otra vez. Juró también ese día.

No mucho después, al día siguiente, se hallaba en la misma situación, arrancaba de la ciudad para sentir el latido de sudor y trabajo que ofrecía amablemente esa tierra.

Debía hacerlo rápido, corría el riesgo de acostumbrarse... Tomó su auto, avanzó kilómetros por la carretera, salió de la ciudad hasta llegar a la zona rural, estando allí, se estacionó y bajó del vehículo. Allí estaba el espacio, que aunque reducido, era ideal para su ritual. Sí, ya era para él un ritual, lo hacía por reflejo, ante cualquier dificultad.

Antes, hubiera vigilado que nadie lo viera, pero ahora poco importaba, después de todo, su necesidad era lo único importante...

Miró hacia el cielo, dejó caer sus brazos y se cayó de rodillas al suelo enlodado lanzando un grito de llanto desconsolado, que se escuchó hasta el fondo de su propia alma, y aún así, seguía siendo mudo en comparación a sus verdaderos deseos de gritar.
Calló, miro al suelo y apoyó sus manos en la tierra, luego de eso, se sintió en paz, así que cerró los ojos.

jueves, 11 de junio de 2009

#0029: Maleza


Dime... ¿Quién eres? Pensé que lo sabía, pero hoy sólo me quedan lagunas mentales de amargas lágrimas que ahora vierto sobre estas lineas. ¿Fui yo acaso quien falló? Dímelo tú. Ahora eres para mí un agrio recuerdo que espero no me persiga más.

¿Cuántas veces te lo pregunté? Y... ¿Cuántas veces me mentiste al contestar? Que perversa eres, eso es lo que soy para tí... un juego, una vil entretención, y ya me gastaste... y ahora... ¿Te vas a deshacer de mí?

Pues bien, lamento tu decisión, y juro que no seré yo quien pierda esta vez, después de todo... ¿Qué me queda por perder? Ya no tengo vergüenza de decirte cuanto repudio tu forma de ser... ya no te necesito y lo sabes. ¿Temes? Por mí, excelente. Ya era hora de que te tocara sufrir, y créeme de que lamentarás lo que has hecho.

Mientras más subías, menos te importaba la altura. Ahora caerás de bruces al suelo y ten cuidado, no dejes que tu sangre manche el suelo de selva virgen, que es lo único que me queda.

Te maldigo y lamento hacerlo, ya que es la sensación más amarga que podemos tener. ¿Sonríes aún? Es tu máscara, yo lo se. Mas no importa cuanto rías ahora, porque cuando extiendas tu mano suplicando perdón, encontrarás indiferencia en el mundo.

Eres maleza, bella, plena de vida, pero nada bueno puede nacer de tí, todo lo malo parte de tus entrañas y muere en tu boca, plena de inocencia que has manchado con injurias y mentiras.
¿Aún ríes? Qué ilusa eres si piensas que te voy a perdonar, como tantas veces, lamento decirte que eso ahora es tarea de Dios, y no te preocupes, Él te va a perdonar. Pero si de mí se trata, no me busques ni me tientes, porque ahora ya cambié, y no hay nada que puedas hacer, me quité la venda de los ojos, lo lamento mucho.

¿Ya no ríes, verdad? Eso pensaba... Te odio y... Que gran paradoja es la vida, te odio más que a nadie y fuiste a quien más amé.

martes, 9 de junio de 2009

#0028: El perdón


Para quienes nos consideramos cristianos, el perdón sólo puede ser otorgado por Dios. Sin embargo, nos resulta satisfactorio otorgarlo y que nos sea cedido.

Lo pedimos aún en las situaciones más absurdas, pero nos hace sentir muy bien la sonrisa de la otra persona diciendo "no hay problema".

Recuerdo a un ser inocente que cayó en las bajezas y trampas de una mujer perversa, no era su intención, pero no pudo callar y pecó por error, traicionó la confianza del ser que más había querido.

Sólo Dios juzgará si la culpa es de la víbora, de la manzana misma o de quien la muerde.

Se quedó en silencio, pero fue torpe y ante la primera sospecha, no encontró más salida que mentir, pero no mintió por maldad, sino por miedo.

Se mordía los labios por decir la verdad, pero perpetuó el silencio largo tiempo.

Mas luego de algunos meses, mientras viajaba decidió romper su silencio, descubrió que seguir mintiendo lo hundiría para siempre.
Mas allá de la mentira y el engaño, primó su buena voluntad y sus ganas de continuar en la competencia de la vida. Descubrió que decir la verdad era la verdadera única solución, si es que quería mantenerse vigente ante quienes amaba.
Como era de esperarse, el instinto humano de quienes lo rodeaban hizo que pudiera obtener la gracia divina que antes mencionaba.
Fue perdonado y se sintió bien, ahora sabe que no debe dejarse seducir por el engaño y las luces de la mentira.

En conclusión, tal como dijo Jesucristo: "Perdónalos, Señor. Porque no saben lo que hacen". Es justo perdonar aquellos errores que se cometen accidentalmente, pero se necesita aún más nobleza para perdonar los intencionales. "Errar es humano, perdonar es divino". (*)
Somos seres humanos y nos equivocamos, pidamos perdón y perdonemos también cuando sea necesario. Es la única forma de acercarse a lo divino, perdonando. Porque perdonar es amar.
(*) W. B. Pope

domingo, 24 de mayo de 2009

#0027: Mi tierra


Yo creo que a todos nos debe pasar lo mismo, nacemos en un lugar, pero nuestro corazón pertenece a otra tierra, nuestra tierra.

Capitalino de nacimiento, pero sureño de corazón, ese es mi lema. No hay lugar en el que más me guste estar, es el único lugar donde conozco cada rincón, cada historia, es ls tierra que albergó mis primeros pasos, palabras y experiencias, es un resumen de mi vida.

Comprenderán entonces como se me parte el corazón cuando tengo que viajar de un extremo al otro, dejando a quienes más quiero en la estación de trenes.

Es mi tierra, de aire limpio, de calles cortas y pueblos de corazón inmenso, no escogería una tierra por sobre la otra, pero cuando viajo hasta allí, puedo sentir el olor a campo y asfalto que me llama a descansar en su amparo.

Es mi pequeño paraíso soñado, donde puedo caminar sin importar el rumbo, porque allí el tiempo se detiene, ese es lugar correcto para meditar, es mi espacio, es mi tierra.

viernes, 22 de mayo de 2009

#0026: El asesino


A Mariana le atraía mucho el mundo del arte, mas no halló nunca la oportunidad de mostrar públicamente sus trabajos.
Cristián, su esposo, la apoyó desde siempre, pues consideraba que el trabajo de ella era sublime.
Ella trabajaba muy duro para alcanzar su sueño, hasta que un día, se presentó su única oportunidad de exhibir sus obras. Cristián había conseguido un salón de la compañía donde trabajaba para una exposición artística y conceptual.
Ella recopiló sus mejores obras y las dispuso en el salón, lamentaba que su esposo no pudiera asistir, pero estaba feliz, todo su esfuerzo daba por fin buenos resultados.
En medio de la exposición, luego de elogios y vítores, recibió un llamado telefónico que derrumbó toda la felicidad que tenía, así como sus ganas de vivir.
Su hermana menor, adolescente, había sido asesinada el mismo día en circunstancias dudosas. Cristián apareció velozmente y la llevó a la casa de sus padres.
Mariana guardó esa pena en su corazón, sin embargo plasmó ese sentimiento en sus pinturas siguientes.
No habían pasado muchos para días cuando recibió el segundo aviso. La casa de sus padres había sido quemada intencionalmente con ellos adentro, ambos durmieron abrazados, y así, en esa posición, sus cuerpos calcinados fueron encontrados por la policía.
El cuerpo policial ya había iniciado una investigación al respecto, con una lista reducida de sospechosos, emprendieron la búsqueda de un antiguo contador de la hacienda familiar, a quien correspondería buena parte de la herencia en caso de no encontrase familiares vivos.
Mariana advirtió que sería la siguiente, no existían más familiares sino ella.
Unos días después, fue citada por la policía. El contador había sido descubierto rondando el vecindario donde vivía Mariana, el cual estaba siendo custodiado por la policía.
Ella corrió a la estación de policía ante el llamado, acudió también su esposo. La policía explicó que la pena de tal delito, era la cadena perpetua. El contador luego sería asesinado dentro de la cárcel por un grupo de reos.
Saliendo de la estación de policía, Mariana se sentía tranquila, subió al auto con Cristián, ya no había de que temer.
Eso pensaba Mariana, puesto que no sospechaba que el verdadero asesino dormía con ella todas las noches.

sábado, 16 de mayo de 2009

#0025: Hoy por tí, mañana por tí...

Hace mucho me dijo "no tengo a nadie". Hace poco me dijo "no sé que hacer". El caso es que no quiero esperar a que me diga algo más el dia de mañana, es por eso que hoy mismo le envié por correo un abrazo , espero que lo haya recibido, después de todo, tamaña encomienda me costó un ojo de la cara, aunque quien se preocupa de eso cuando el mensaje es de afecto y coordialidad.
Lo importante es que el mensaje que quiero transmitir es que siempre hay un abrazo esperándole, no se lo puedo negar, sería ingrato de mi parte.
Sería como morder la mano que me ha dado de comer...

Como aquel tipo que se fue a la guerra y dejó a su esposa
embarazada, esperándole. Pasaron casi 12 años, la mujer creyó olvidarlo, pero apenas él regresó, ella lo recibió con los brazos abiertos, dispuesta a rehacer sus vidas. Ella lo esperó, y a pesar de que lo dudó un par de veces, descubrió que ante lo que ella sentía, no se podía hacer nada.


Cuando se trata de amistad o amor, nada es suficiente, es un trabajo de día
tras día, pero Dios recompensa a los ricos de espíritu, a los perseverantes, y
lo ha hecho conmigo.


Y como nada es suficiente, cada día me despierto sabiendo quienes están allí, ojalá con el abrazo entienda que yo estaré allí hasta el fin de mis días, que no le dejaré solo ni un instante, y no es para mí una sensación incómoda. Hoy por tí y mañana por tí también, es una lucha contigo, pero también conmigo mismo. ¿Hasta qué punto llegaré?
Estamos tú y yo, la distancia que hay de tí hacia mí, es igual a la que hay de mí hacia tí, yo ya he avanzado mucho, si continúo, el camino está minado, y es probable que desista. Si tú avanzas, el camino será de paz y quietud, de campo y descanso. Nos encontramos allí, yo te espero.

viernes, 15 de mayo de 2009

#0024: Hacer el amor

Habíamos esperado mucho tiempo, ella siempre tuvo miedo, pero eso es natural, yo también lo tenía, pero nuestro amor estaba en su punto máximo y decidimos entregarnos al suave terciopelo de las caricias.
Físicamente la unión de nuestros cuerpos, da cuenta de una necesidad biológica, que marca una excepción a las demás necesidades instintivas del ser humano.
El hombre no puede vivir sin comer o beber en un tiempo determinado, y he aquí la diferencia, el hombre es capaz de esperar a que su pareja esté lista para este acto, si es que el amor es real.
Para ambos era una sorpresa, pero no existía vergüenza, y es difícil de explicar. Es una sensación extraña, donde nos hacemos uno solo, es intimidad.
Es mirar en los ojos de ella como en un espejo, donde se reflejan los sentimientos más puros y nobles, estábamos haciendo el amor, creando un lazo carnal, pero a la vez nos encadenábamos voluntariamente a amarnos toda la vida.
No es solo sexo, es hacer el amor, es habernos esperado toda una vida para reunirnos, amándonos, diciéndole al mundo que no es nuestro dueño, que no somos esclavos del tiempo. Entre los besos, éramos nuestro propio mundo bajo nuestro propio tiempo. Si nos postergamos tanto tiempo, lo justo es que viviéramos este, nuestro momento, como si fuera lo único importante.
Fue el momento más especial de mi vida, era ella la mujer con quien quería estar, para siempre, sólo con ella.
El acto sexual se puede llevar a cabo con cualquier persona, pero será solo eso, un acto sexual. Hacer el amor es único, está reservado para dos, los dos que se escogieron al nacer y que se encontraron en las calles más recónditas de la vida.
Una vez exhaustos, nos besamos y nos dormimos abrazados, entregados al mundo, de nuevo, vi sus ojos y me di cuenta de que solo con ella podía ser feliz. La volví a mirar, mientras dormía, y fue inevitable verla de nuevo al cerrar los ojos, en mis sueños.
El haber hecho el amor con ella, significó un sacrificio de parte de ambos, una entrega que no se puede describir, para mí fue un escape, para ella un enlace inmortal.
Si es por amor, estoy dispuesto a repetirlo, pero únicamente con ella.

jueves, 14 de mayo de 2009

#0023: Teoría de la cárcel


Tras años de delinquir y escapar, la policía lo encontró huyendo tras su último crimen. Sin demora, lo redujeron y transportaron hasta la cárcel, a la espera del juicio en su contra.
En el carro policial se hallaba solo, sin ayuda alguna, tan indefenso como cuando salió a las calles a buscar fortuna. Pasó de una banda en otra, hasta que se largó a volar y montó su propio "negocio" y dejó atrás a su familia callejera.
Ahí en el asiento trasero, esposado, privado de libertad. ¿Libertad? Nunca la tuvo, pasó de un lio a otro, ajustes de cuentas, etcétera. Siempre ocupado en el mundo de la delincuencia.
Ya en la cárcel, ocupó su celda, que debió compartir con otros 3 reos. Al primero lo encarcelaron por parricidio frustrado, al segundo lo culparon de abusos sexuales reiterados a una menor de edad y el tercero jura que se le acusa injustamente de mutilar y esconder los restos de su esposa muerta.
Pasó algunas horas allí sin hablar, pero quiso romper el hielo y pronunció algunas frases sin sentido, tras esos comentarios, el silencio se hizo aún más aterrador. Los compañeros de celda lo miraron, se acercaron y le explicaron el mecanismo de la cárcel.
Él quedó pasmado, era igual que en la calle, grupos, dominios, amenazas y corrupción. Sin embargo el clima de la cárcel le provocaba una sensación distinta...
Llegó el día de su juicio, los contactos que él tenía afuera le permitieron conseguir un abogado de esos que son capaces de dar vuelta un caso en favor de sus defendidos. En la audiencia fue llamado a declarar, su abogado lo había preparado de tal modo que fuera imposible perder, todo estaba a su favor.
El juez hizo aquella pregunta de rigor:
-El acusado, ¿Cómo se declara?
Sin dudar un segundo, tras la pregunta, de sus labios surgió:
-Culpable
Se volvió adicto a la cárcel. ¿Extraño? No, el ambiente de la calle era igual al de la cárcel, pero en esta última, el se siente seguro, no hay nada que perder, y él está dispuesto a matar otra vez para volver al encanto de las celdas.
La prisión es castigo, pero es refugio, es salvación, adicción del débil y maldición del inocente.

miércoles, 13 de mayo de 2009

#0022: Parábola de la huida


Siendo muy joven, abandonó a su familia para escapar con un amor de la adolescencia, estuvieron alejados más de 5 años de la capital, una vez que su relación terminó de manera inevitable, el decidió volver a su casa, pero al llegar, su padre lo esperaba con el resto de sus cosas, luego de tal cantidad de años no podía esperar un grato recibimiento.
Tomó sus cosas, partió con rumbo desconocido y se quedó en la casa de una tía, pasaron un poco más de 4 años y encontró pareja estable, su madre aún mantenía contacto con él, pero su padre no le hablaba desde el día en que lo botó a la calle.
Aunque suene imposible, su padre estuvo ausente en su matrimonio y en el nacimiento y ceremonias de bautismo de sus 3 nietos.
Ya habían transcurrido 15 años, el hijo decidió enfrentar al padre, después de todo, no había nada que perder, ya tenía una familia formada.
Decidió ir a visitar a su madre y aprovechar la ocasión para hablar con su padre. Al llegar, su madre lo recibió con un fuerte abrazo, en la sala de estar, el padre miraba atónito, la visita del hijo lo desconcertó, sin embargo estaba preparado para todo, siempre lo estuvo.
-Es hora de hablar. ¿No te parece? - Dijo el hijo.
-Hace tiempo que lo es - Replicó el padre.
-Hace 20 años que es necesario, me abandonaste, pasé estos años sin ti, no tuve tu apoyo y pasé la mitad de mi vida esperándote... - Gritó, estallando en lágrimas.
-...
-¿Entonces, papá?
El padre comenzó a llorar también:
-Eres muy egoísta. Tú te fuiste hace 20 años y era yo quien sufría, después de haberte dado la vida y de cuidarte de todo tipo de mal, alimentándote y abrigándote, y ¿Cómo me pagas? Partiendo con la primera persona que te vende aventura, y yo esperé aquí cada día y cada noche a que volvieras para abrazarte y que pudiéramos volver a ser una familia. Y ¿Qué haces tú? Vuelves luego de 5 años, cuando ya no pudiste sostener más tu juego de niño. No entiendes lo que para mí significaron 5 años. Y ahora vienes a hablar, haciéndote el hombre, dime una cosa ¿He sido yo el que ha fallado?
-...
-Soy tu padre, es mi deber perdonarte, pero no creas que no he pensado en , mi perdón comenzó cuando te fuiste, hace 20 años...

#0021: Tras sus pasos

Entonces, corrí a buscarla, pero me detuve muy pronto. Me sentí ridículo, estaba en medio de la calle en dirección desconocida a buscar quien sabe que cosa, no tenía idea de donde estaba ella ni nada por el estilo.
-¿Qué hago ahora? - Pensé.
Volví a mi casa, pensé millones de opciones, hasta que se me ocurrió buscarla en la guía telefónica. Desesperado, como si el mundo se fuera a acabar, tomé la guía residencial y busqué su apellido, asumí que vivía sola, que no se había vuelto a casar, en fin, muchas cosas.
Encontré cerca de 20 personas con el mismo nombre y apellido, tomé mi celular y aún más desesperado, comencé a llamar a todos y cada uno de esos números.
-¿Y si me contesta ella? - Volví a pensar.
Decidí llamar a todos y cuando alguien contestara, permanecer en silencio hasta captar el tono de la voz, así la reconocería de inmediato.
Llamé a todos los números, en los primeros me contestaron hombres, por lo que deduje que no se trataba de la casa de ella, luego hubieron algunos números que estaban equivocados, otros que eran producto de errores en la guía telefónica, hubo un número en que no hablaron al contestar, y los últimos fueron los más confusos, las voces eran muy similares, cerraba los ojos y podía distinguir diferencias mínimas en aquellas voces femeninas.
Se habían acabado los números, pero yo no había logrado conversar con ella, de hecho no quería hacerlo, sólo quería saber cual era su número para determinar su dirección.
Me quedé callado más de 20 minutos, recordé aquel intento en que no me hablaron...
-¿Qué pasa si está esperando lo mismo que yo? - Dije.
Era muy probable que ella esperara a saber quien la llamaba, si así era entonces quedaba la remota posibilidad de que pudiera hablarle.
Marqué el número y esperé nuevamente, una vez que me contestaron, tomé la iniciativa...
-¿Aló?... - Susurré.
-¿Aló? - Respondió una voz muy aguda.
-Busco a la señora de la casa. - Fingí mi voz.
-La única señora que vive aquí es mi vecina, mi mamá y yo la estamos cuidando, ella está enferma. - Dijo.
Sentí que la persona que me hablaba tenía 6 o 7 años.
-Si quiere le pido a mi mamá que hable con usted, señor - Propuso de manera gentil.
-No, gracias. ¿Estás segura de que Dinora no puede acercarse? - Pregunté.
Al pronunciar su nombre, me tembló todo, sentí que una parte de mí estaba pudriéndose.
-¿Cómo, usted la conoce...? Espere un momento.
Escuché que la niña gritó:
-Señora, es para usted. Es alguien que la conoce. - Dijo, mostrándome que ella si estaba disponible para hablar.
A través del teléfono escuché los pasos de la señora que se acercaba, todo ocurrió en cámara lenta, fue eterno esperar a que ella tomara su teléfono para hablar. De pronto la espera terminó, sentí que ella se demoró en poder hablar sin jadear.
-¿Aló? - Pronunció, casi sin que la pudiera oír.
A pesar de que su voz se notaba demacrada, corroída, desgarrada, a pesar de todo eso, colgué el teléfono tan rápido como pude.
Era ella.